La obra de Godard y Gorin tiene paradójicamente algo de anacrónico y de visionario. Sus películas se debaten entre el futuro de su falta de convenciones y el rigor presente de su pasado coyuntural y militante. Entre las palabras que ya suenan a fábula manifiesta de un cuento de hadas rojas y dragones capitalistas y el poderío visual y narrativo de una mirada compleja y, sin embargo, tan clara y meridiana como el mensaje que se pretende comunicar. No es casualidad que hoy su visionado siga siendo tan nuevo como si se hubiera rodado mañana y tan histórico como si lo hubiéramos estudiado en el colegio. Intermedio sigue poniendo tierra de distancia en la elaboración del producto, en la búsqueda de los ingredientes y en la presentación de cada acabado. Su propuesta para homenajear al genio francés, perturbar las mentes adormecidas y premiar a una amplio sector del consumidor, ahíto de referencias y referentes, es excelente en el fondo y en la forma, en lo que cubre y en lo que descubre. Desde el libro de Manuel Asín, diseñado y escrito con espíritu del 2068, hasta el sugerente documento/al de Gonzalo de Lucas pasando por los comentarios de David Faroult (a veces más viejos que las propias películas, todo hay que decirlo) complementan y transmutan el cofre audiovisual en un nuevo formato literario (y más) de análisis que dibuja una nueva perspectiva dentro del los materiales de análisis cinematográfico.
Pero el centro del cine son las películas y este pack va repleta de ellas. De variadas propuestas con una idea en común que pretende ser común al compromiso de todos. Unas películas que son hijas bastardas de su época, crías feroces abandonadas en la puerta de todas las iglesias, resultado y resultante de un posicionamiento ideológico, histórico y militante. Acostumbrados ahora a la dictadura de lo políticamente correcto (¿o era lo correctamente político?), a la tibieza moral, intelectual y formal de quien hace y /o contempla, al dictado de la poca higiénica tendencia a no mojarse, a mirar sólo (y exclusivamente) a la pantalla o a confundir términos al estilo del peor Loach (hay un Loach bueno) o a Guediguian (todo Guediguian es peor) y a tocarse los huevos en lugar de tocárselos a los demás. Por eso las películas de este pack son ráfagas de aire fresco envasadas al vacío. Desde la oda a la puesta en escena minimalista, mientras las máximas dominan el audio, que es Una película como otra cualquiera a un spot vitriólico y descarnado sobre los after shaves, las familias y la vida moderna. Desde la descarnada ilustración coetánea casi de “Checoslovaquia Directo” de Pravda al pie de página más largo que una fotografía pueda tener en la lisérgica Letter to Jane. Desde la contundencia visual, ideológica y demás de la incomparable British Sounds (para el que esto suscribe la más maestra de todas las obras totales de este periodo) a la falta de “vergüenza” más radical y desahuciada de su propio mecanismo en Vladimir et Rosa. Desde el más metalingüístico, “metacinematográficamente” hablando, Viento del este al más directo e intrusmental Ici et ailleurs pasando por el descomunal Lotte in Italia y el deshilachado One parallel movie. Desde Godard a Gorin, Dziga Vertov.
Manuel Ortega
La primevara del año pasado, Llamentol editó dentro del mercado normalizado el primer título en España de Bill Plympton —Tupé (Hair High, 2004), una obra maestra de incalculable valor—, ahora, concluyendo el verano, Filmax nos regala sus dos largos inmediatamente anteriores y además anuncia para noviembre la edición de The Tune (1992), su primer largo, y Mondo Plympton (1997), compilación de cortos. Un nuevo paso en la difusión de la obra de este singular e inconformista animador, que ya ronda los sesenta tacos y cuyas obsesiones e intereses —donde no falta buenas, muchas, cantidades de sexo, violencia y humor— no son tan ajenas a una posible mayoría, si bien es posible que sea solamente una minoría quien se sienta cómoda o atraída por su particular forma de expresar aquellos. Dibujadas por completo por el propio Plympton sus peliculas se construyen a partir de historias mínimas, inyectadas por lo sobrenatural pero en esencia bastantes convencionales en una primera , para doblarse hasta la extenuación y ofrecer infinidad de formas, donde lo más importante es siempre el entramado visual en general y el objeto en primer término en particular (sus fondos carecen de profundidad). En la extraordinaria Me casé con un extraño (1997), Grant, su protagonista, adquiere poderes incontrolables gracias a una extraña protuberancia que tiene en su nuca: este planteamiento inicial es en realidad una proyección del narrador para tratar un tema bien popular como es el matrimonio: Grant y su mujer, Keri, han llegado a un punto de rutina, de hastío, en el que ni siquiera el sexo justifica plenamente su relación... Empiezan aquí las idas y venidas, la aparición de los padres de ella, que detestan a Grant, la presencia en la tele, la intromisión de SmileCorp, la cadena que busca hacer reir a todo el mundo —como repite cada dos por tres su pegadiza sintonía—, cuyo jerifalte aspria a arrebatarle los poderes al pobre hombre, el cual en el fondo desea recuperar su matrimonio, lo cual termina consiguiendo... Todo el itinerario del film está punteado por los sucesos maravillosos que consigue crear Grant (vid. la magistral secuencia en el jardin del vecino) y por la personalidad desbordante del demiurgo cuya talento va más allá de su creatividad y humor: su calculada y transparente caricatura de los poderosos, los militares y los egoistas (la utilización del nodulo por distintos personajes hacia el final de la película es de lo más revelador) es una actitud ante la vida honesta y emotiva.
Alienígenas mutantes (2001) es un film aparentemente menos logrado, al ser excesivamente deudor de la formulación del anterior, repitiendo el planteamiento y casi el desenlace. Sin embargo, se trata de una pieza importante por diversos aspectos que demuestran que el trabajo del realizador de Oregon está en continúo y fructífero work in progress: la introducción de varios mundos (el espacial y el terrestre), el desvarío narrativo y los giros argumentales, la caracterización de la heroína, la genial idea alrededor de la nave-anuncio urdida por el villain, el derroche de crueldad y violencia no sólo física (el prólogo es brutal)... Además este disco, que ofrece mejor calidad y el formato adecuado de la película, nos ofrece una interesantísimo documental (de casi dos horas de duración) alrededor de la creación del film, en el que Plympton habla de su manera de trabajar y sus inspiraciones. Por cierto, su último largometraje, Idiots & Angels (2007), no dialogado —como la mayoría de sus cortos—, se podrá ver en el próximo Sitges según parece. Estén atentos, pero mientras no duden en ver estas dos películas imprescindibles en la carrera de su autor.
José David Cáceres
Uno de los mayores atractivos del catalogo de Suevia son los cofres que incluyen varios títulos, en este caso de un director de prestigio infinito como es el alemán y/o americano, nacido en Viena, Fritz Lang. Esta edición de seis películas es apasionante por su diversidad y extrañeza, más allá del hecho de que son (casi) todas obras excepcionales, que permite no solo advertir el universo langiano desde distintas perspectivas y planteamientos, también conocer hasta qué punto los géneros permitían, ya entonces cuando estaban perfectamente codificados, innumerables requiebros y mixturas. No está tan claro que la portentosa y desquiziante Encubridora (1952), única de las peliculas del cofre en color, sea verdaderamente un western, al menos no el en la misma medida que lo son La venganza de Frank James y Espíritu de conquista, realizadas por el propio Lang la década anterior. La brumosa y desasogante atmósfera que persigue a la imposible pareja formada por Henry Fonda y Sylvia Sidney en Solo se vive una vez (1937) sitúa un relato aparentemente policiaco en los lindes de la fantasia, del misterio. Gardenia azul (1953) es un film tormentoso e inquietante que insiste en la visión más desesperanzadora de la sociedad y por extensión de la naturaleza humana con la que Lang empezaba a despedirse de América: sin llegar a los logros de las siguientes realizaciones que escarbaban en esa fauna y flora (especialmente con la extraordinaria Mientras Nueva York duerme, 1955) este relato B expone con los claroscuros habituales del género un entramado rico en matices y en giros narrativos. El ministerio del miedo (1944) es un film excelente que sin embargo queda un poco relegado por la injusta comparación que se establece con sus compañeros de estuche: parte de la trilogía antinazi (completada por las, nueva comparación, muy superiores Man Hunt, 1941 y Los verdugos también mueren, 1943) esta película basada en Graham Greene —"El ministerio del miedo" (Edhasa; Barcelona, 1998)— deviene en una habilidosa reconversión del modelo de relato de espionaje en un pastiche aventurero vibrante y proteico. Por último, dos piezas tan impresionantes como Perversidad (1946) y Deseos humanos (1954), adscritas preferentemente al noir, contienen una furia desatada digna de los melodramas más conspicuos, la cual se desprende del dibujo casi misógino que se hace de las dos venenosas protagonistas, implacablemente compuestas por dos grandisimas actrices, Joan Bennet y Gloria Grahame respectivamente, mujeres de una sensualidad desaforada que me imagino debían ser un torbellino en la cama y en otros lugares menos convencionales... En definitiva, Lang siempre aviva nuestros impulsos más íntimos y saca a relucir el halo de oscuridad que los genera y sustenta.
J.D.C.
Inexplicablemente, la historia de Dewey Cox no se estrenó en nuestras salas y se edita ahora en formato Blu-ray. Uno de los últimos trabajos producidos por Judd Apatow que se ríe de los biopics de músicos como las Scary Movies lo hacen con los films de terror con la diferencia de que aquí nos alejamos más del slapstick puro y duro gozando de una historia que cohesiona todo de forma coherente y compacta, principal carencia de la mencionada serie nacida de los hermanos Wayans. El humor transita desde lo gamberro y lo sofisticado hasta el chiste fácil pero graciosamente afortunado (como ejemplo aquel en que el protagonista decide huir de las tentaciones y se cruza con The Temptations o el mismo desenlace de la película). Diversión garantizada entre parodias de películas como En la cuerda floja, la también pendiente de estreno I’m not there o Hulk (por citar algunos ejemplos) y múltiples referencias (obvia el decirlo, también satíricas) a figuras de la música de todos los tiempos; Desde Jerry Lee Lewis hasta David Bowie pasando por Elvis y los Beach Boys hasta algunas completamente desternillantes como la experiencia lisérgica que comparte el protagonista (un acertado John C. Reilly que cambia de peluca, exigencias del guión, casi a cada secuencia) con los Beatles (ojo a Jack Black interpretando a Paul McCartney). La edición que nos trae Sony se complementa con los habituales comentarios en audio (a cargo del director Jake Kasdan, Judd Apatow, John C. Reilly y Lew Morton), documentales, escenas eliminadas y actuaciones musicales.
Sergio Vargas