Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta. R. Rossellini, 1945)

Por Celina López Seco

¿Por qué Roma, ciudad abierta es una película fundacional? Pero por sobre todas las preguntas ¿por qué sigue siendo una película vital, urgente, para pensar nuestro presente?

En un mundo marcado por la presencia de lo visual, donde los límites entre la realidad y su representación son imprecisos y donde el referente cada vez más se parece a sí mismo, la película de Rosellini ya establecía las bases, como presagio, como iluminación, para cuestionar la relación y adecuación entre lo real y su imagen o construcción

La decisión en la mirada o las bases de Roma

Roma, ciudad abierta recreó, ficcionalizó los últimos tiempos de la ocupación alemana, y desde allí, desde una ciudad destruida, desde las calles, marcó la necesidad de mostrarlo todo: la delación, la tortura sin elipsis, la miseria y la solidaridad como contextos de guerra pero también como fuerzas humanas. Por una parte es en esta necesidad de mostrarlo todo donde se funda uno de los pilares del cine moderno; un estado de conciencia, una pérdida de inocencia de la que, como después de las guerras y los horrores que de allí se desprendieron, el cine y su reflexión no podrán dar marcha atrás.

La diferencia

Y, por la otra, de Roma… se deduce un modo de aproximación a la realidad como posición política frente a la misma. Si gran parte de la corriente estética denominada neorrealismo, de la que el cine italiano fue precursora, se basó en la captura y reconstrucción de la realidad, frente a ella no hubo una única manera de abordaje. En este sentido Roma… no funcionó como un fresco naturalista de época en el que se borraban todas sus condiciones de producción a cambio de retratar lo más fielmente posible la realidad, una realidad sin fisuras ni imprevistos: una realidad de ficción encubierta. Por el contrario en la película de Rossellini se manifiesta una tensión formal entre ficción y realidad que es lo que nos permite en tanto espectadores participar en el filme cuestionando la distancia entre lo representado en la pantalla y el mundo físico. Porque es justamente en ese intersticio donde existe una mirada: la de una subjetividad que interrelaciona el mundo físico o material con lo que quiere contar, su percepción no se esconde, su mirada está en la película:

 Cuando Ana Magnani recibe el disparo en la calle, su muerte, desprovista de todo artilugio o efectismo, desprovista de sonido, es una declaración de principios: la muerte no necesita ser estetizada o dramatizada porque la muerte es un hecho en sí mismo, será el espectador el que juzgue y saque sus propias conclusiones. Del mismo modo, en la escena final del fusilamiento del cura, los niños pegados al alambrado, acompañan esta muerte. Rossellini no los protege de la hostilidad del mundo, no minimiza su mirada ni la del espectador, ambos,  niños y espectadores, debemos seguir nuestro curso, no se nos dice que hacer ni como resolver, no se nos guía hacia una buena moraleja. Es parte de la grandeza del cine de Rossellini, el desconsuelo como la búsqueda de la verdad en su cine son materiales, porque la materia es espíritu.

El realismo, una actitud

Ángel Quintana, en "Fábulas de lo visible" dice que «En la actualidad, frente a un universo cultural que de forma progresiva ha ido perdiendo su proyección en la realidad, la emergencia del realismo como actitud ética, puede llegar a adquirir en determinados campos de la cultura una clara dimensión política como alternativa a la omnipresencia de la cultura del simulacro»

Es, entre otras, en el realismo de Roma… —aquél que no encubre la creación y el que ante la creación asume una ética de la estética donde encuentro la lucidez necesaria para interrogar el mundo de hoy. Porque en la presencia de una autoría y en la referencialidad concreta del mundo es donde el filme alcanza la dimensión política necesaria para pensar la relación entre el arte y la cultura, entre el contexto y una expresión sobre él. Rossellini inaugura con Roma, ciudad abierta,  una mirada de la cual ya no se podrá dar marcha atrás, un estado de conciencia que nos hace menos inocentes frene al mundo pero más libres frente a nosotros mismos.