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Enviados especiales: R. Alcover Oti & J.D. Cáceres Tapia & M. Ortega
Colaboran: R. Álvarez, O. Brox, J. Pulido, S. Vargas

Volumen 7 - 9 y 10 de octubre

Todo tiende a finalizar, aunque sea para poder empezar de nuevo. Al igual que Dave Bouman (Keir Dullea) en 2001, la 41 edición del festival de Sitges está acercándose a sus últimos días / a su destino. De momento ya se ha concedido un premio, el Méliès d'Or a la Mejor Película Europea de Género Fantástico que otorga cada año la European Federation of Fantasy Film Festivals para el film sueco Let the Right One In (Låt den rätte komma in), dirigido por Tomas Alfredson, presentado para la prensa a primera hora del jueves y estrenado para el público el viernes por la noche. Ha gustado a casi todos los periodistas y críticos que han tenido ocasión de verlo (como prueba el entusiasta comentario que sigue) y es un serio candidato a llevarse alguna distinción de la Sección Oficial Fantàstic. Lo sabremos antes del sábado y veremos cuál y/o cuántos consigue la aburrida y torpe Martyrs cuya excelente promoción, al son de una polémica más bien insulsa, ya está teniendo muy buenos frutos (leíamos en un periódico, sorprendidos, que a la salida del pase hubo desmayos y vómitos. les aseguró que no hemos visto tales reacciones, que es posible que se dieran pero no de manera tan virulenta; lo que sí hubo, pero como en muchos films que no son lo que se esperan, bastantes abandonos antes del final). Dejando atrás estos temas, recalcar que en líneas generales el festival está cumpliendo las expectativas y ha remontado con creces el decepcionante arranque (y sí están hartos de leer esto, por la nuestra, independientemente de lo que nos gusta a cada uno, aceptamos que somos unos pesados diciéndolo y, lo que es peor, escribiéndolo). Les emplazamos a leernos a partir del domingo, de vuelta en casa, con los comentarios de los títulos de la S.O. Fantàstic que se han quedado en el tintero (entre ellas las interesantes Tokyo! y The Cottage y las mediocres Sexykiller y Hansel & Gretel) y de otros films del resto de secciones que merecen nuestra atención caso de la excepcional Idiots & Angels, de Bill Plympton, o la desafortunada Synecdoche, New York, del aclamado guionista Charlie Kaufman. Otra cita: en próximos números nos acercaremos, en la seccion de libros, a las publicaciones que ha editado este año el certamen, que prometen emociones fuertes. Gracias a todos.

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Let the Right one in, de T. Alfredson (Suecia, 2008). Fantàstic

Leyendo el capítulo de Ángel Sala dentro de uno de los libros colectivos que el Festival publica este año —el muy atractivo "El cine de Ciencia Ficción. Explorando Mundos", editado por nuestro guerrero favorito, Antonio José Navarro—, me he dado cuenta de lo enfermizamente fascinados que estamos por conceptos como el dichoso no-lugar, por los espacios virtuales, por los nuevos mundos que escapan a lo material, por las modernas autopistas de la información, etc. Creemos que ahora todo se dirime en esos no-lugares, pero nuestros restos seguirán reposando en un cementerio. Porque hay algo más allá de los ególatras blogs, el mercado de carne propia que es el maldito Facebook, o el strip-tease personal que es esa gilipollez llamada Tuenti. Nada mejor que escapar a lo real para evitar reflexionar sobre nuestra vida.  Así que, en oposición al no-lugar, ¿qué ocurre con el lugar? En este sentido, Let the Right One In es una película sobre el lugar, sobre el mundo real, aunque para ello acuda a una figura tan específica como el vampiro. Let the Right One In es un film retro porque como Red, no mira hacia fuera sino hacia dentro, se asoma a los barrios reales y los disecciona hasta sus últimas consecuencias. Y para ello su trama recicla la clásica estructura del Maligno (aunque revertida), es decir, de la figura de un extraño que aparece en una comunidad para desmantelar sus cimientos. Pero también Let the Right One In es la historia de amor entre dos personas que se advierten diferentes al resto. Y ahonda en como una relación entre dos freaks puede ser más sana y hermosa que la del resto de monstruos que tienen figura humana. La película magistralmente orquestada por Tomas Alfredson —que no tiene que ser discípulo de Bergman, como un japonés lento no es discípulo de Ozu o como un danés con cámara en mano no es alumno de Von Trier— es un alarde de concreción, atmósfera, y elegancia, demostrando que esta última no está reñida con la sordidez ni con lo monstruoso, y que una gota de sangre en un paisaje nevado puede ser más inquietante y pesadillesca que un garrulo dando golpes a una joven durante 20 minutos. Por último, quiero pedirle perdón a Tomas Alfredson porque esta apresurada reseña no le hace justicia ni en una cuarta parte a su extraordinaria película.

R.A.O.

Chugyeogja / The Chaser, de Na Hong-jin (Corea del Sur, 2008). Fantàstic

Ópera prima construida con habilidad e ingenio, narrada con energía e ímpetu, interpretada con vehemencia e impronta, The Chaser es un thriller que se disfruta de principio a fin. Sin embargo, algo falla en esta buena película que podría ser excelente y que deja, sobre todo después de reposarla un poco, algo así como un sabor indeterminado que remite a muchos otros bien conocidos pero carece de uno propio. Recuerda al brillante segundo film de Bong Joon-ho, Memories of Murder, en concreto por la descripción que hacen del estamento policial y su jerarquía, por algunas escenas de persecución nocturna (la nueva calca hasta el empleo del tema musical del referente). The Chaser también recoge elementos de las propuestas contemporáneas del género (escenarios desagradables, fotografía de colores ocres, personajes en el margen.) los cuales utiliza, siendo justos, con buen criterio en general. Entonces, ¿qué falla realmente en The Chaser que además tiene notables soluciones como el uso de la elipsis o la integración del azar en el relato? Pienso que mucha culpa se encuentra en la pobre definición de personajes, dejando a todos como meros arquetipos más o menos perfilados según la importancia (minutos que aparecen) en la historia; esta carencia se hace bastante palpable cuando aparece en escena la hija de la desaparecida, o en el dibujo del criminal, desprovisto de toda humanidad lo que mitiga la turbulencia y terror a sus actos pues se transfigura en un mero monstruo de la ficción. Resta también el desenlace lleno de concesiones; del monótono enfrentamiento entre protagonista y antagonista al plano del primero con la niña componiendo un falso happy end.

J.D.C.T.

Dachimawa Lee, de Ryoo Seung-wan (Corea del Sur, 2008). Fantàstic NC

El cine coreano ha adoptado, desde hace un tiempo, algunas maneras del americano, del hollywoodiense para precisar. Park Chan-wook, Kim Ki-duk, Bong Jong-ho, Kim Jee-woon o Ryoo Seung-wan,  son realizadores que han crecido cinematográficamente sobre los géneros clásicos (muchas veces, simplificar es no sólo útil sino además saludable) diseñados por la Meca del cine. A las carteleras españolas llegan, normalmente tarde y mal promocionadas (las excepciones son escasas), aquellos títulos en principio más fácilmente vendibles a un público amplio (thrillers más que ningún otro) o que vienen firmados por autores de prestigio (este conseguido por méritos suyos menos veces que por deméritos de otros productos de oriente). Las comedias paródicas no resultan a priori confiables para las distribuidoras. Y sin embargo, viendo Dachimawa Lee se tiene la impresión que sería probable lograr con ella mejores resultados que las películas que sí se estrenan, ya que la audiencia potencial se incrementaría, toda vez que en este caso se trata de un film que cumple las convenciones narrativas mejor aceptadas por el público, compone gags universales de notable eficacia (por lo menos uno de ellos resulta desternillante: el héreo, Dachimawa Lee, llorando encima de un compañero moribundo) y se nutre de bastantes iconos populares del cine de espías americano, del pasado y el presente, de los relatos urdidos por Hitchcock a las aventuras protagonizadas por Jason Bourne. Quizá habría un problema: Dachimawa Lee, siguiendo la simplificación (y la comparación con sus ascendientes americanos), está en líneas generales al nivel de la torpe Supergente 86 y no de la estupenda Yo soy espía. Pensándolo mejor no existe problema alguno: si aplicamos una socorrida regla de tres la conclusión es prometedora: Dachimawa Lee debería triunfar en las carteleras occidentales.

J.D.C.T.

Southland Tales, de R. Kelly (EE.UU., 2006). Sitges Clàssics: Ciència-Ficció

A Romero le gustan los zombis, a Russ Meyer le gustaban las tetas grandes y a la mona Chita los platanos de Canarias. A Richard Kelly lo que le pone es el Apocalipsis. En Donnie Darko, su debut tras la cámara, un conejo gigante le decía al protagonista que quedaban treinta días para el fin del mundo. En su segundo film (que no el último, ya que The Box está terminada) el Apocalipsis se producirá exactamente el 4 de Julio de 2008. El guión de la película que dirigirá la ex-actriz porno interpretada por Sarah Michelle Gellar y que protagonizará el galán Boxer Santaros (Dwayne “The Rock” Johnson), a modo de nueva Biblia, cuenta con todas las claves necesarias para descifrar  el final de la humanidad. Boxer, o Jericho Cane, su personaje dentro del personaje, como un nuevo Jesucristo, deberá elegir el camino correcto en la encrucijada que se le presenta al comienzo, pero no siempre es posible tomar el camino de en medio, aquel por el que es imposible confundirse. Kelly nos ofrece un musical que no es musical, a pesar de o gracias a una banda sonora mítica y épica (ojo a Waves of Mutilation de los Pixies o a la canción de The Killers que se marca Justin Timberlake, otra de las estrellas del reparto), una ciencia-ficción que tiene más de ciencia que de ficción, más alma que ciencia, y tanto cuerpo como alma, donde se intersecan dos tramas paralelas y dos líneas temporales. En Southland Tales y en su enrevesada pero, al fin y al cabo, comprensible trama convergen la guerra de Irak, el 11-S y las secuelas de ambos, el miedo a que ganen nuevamente los republicanos, y una forma de hacer cine y, sobre todo, de hacer sentir el cine, audiovisualmente fascinante y sobrecogedora que se cuenta fácilmente entre lo mejor de esta década que con un poco de suerte acabará antes que la vida en la tierra.

S.V.

JCVD, de Mabrouk El Mechri (Francia, 2008). Noves Visions

JCVD arranca con un potente plano-secuencia que se jode, con un Van Damme al que le pesan los años, y con un director asiático que afirma aquello de "esto no es Ciudadano Kane". JCVD es un film desgraciado, pese a adquirir pronto los visos de metacine + comedia autobiográfica. Pero de alguna manera, JCVD sí es el Ciudadano Kane de su protagonista. Porque Ciudadano Kane es una anticipación involuntaria de la carrera de Orson Welles —pese a basarse en otro "mad doctor", Charles Foster Kane—, una distopía subjetiva sobre una vida que quizás no fue la mejor pero que tuvo que ser vivida así. La diferencia estriba en que Ciudadano Kane tuvo que esconderse detrás de experiencias ajenas y de trineos infantiles, mientras que JCVD no puede ocultarse de nadie —como se ocultó John Wayne en El último pistolero— porque la cinefilia ya no perdona y lo otro olería a impostura. ¿Vivir para jugar o vivir para ganar? Es una pregunta que se hace G. Vázquez en su epitafio baloncestístico sobre Jason Williams. Jean-Claude Van Damme eligió jugar, y terminó queriendo ganar porque hay que tener muy claro ciertas cosas para no dejarte llevar por la corriente (y por las lonchas). Y por el camino perdió algo, se perdió a sí mismo, y se pregunta (y nos pregunta) si lo que ha hecho ha merecido la pena. JCVD es un nuevo Takeshi's, pero sin la volatilidad del film de Kitano. También es un film exorcismo, en lo que tiene de petición de perdón y expiación personal. Pero nunca es una obra desmitificadora, porque hoy en día Hollywood ya no puede poner paños calientes a sus estrellas. Paradójicamente, JCVD será la única película de Van Damme que acudirán a ver aquellos que nunca han visto las otras películas de Van Damme. Manda huevos.

R.A.O.

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Volumen 6 - 8 de octubre

Después del empacho, llega la resaca. Pasado el mal trago, tiene que venir la calma. El festival de Sitges pasa factura, física y mentalmente. Duele la cabeza, la vista se emborrona, los ánimos se estresan, los sentimientos se amplifican. Aun con todo, disfrutar de cine variado (malo o bueno es algo circunstancial, personal) y compartir con amigos vivencias, películas y cervezas es motivo suficiente para sentirse feliz, aunque sea por un instante, ya sea en la sala de cine o en el bar, solo o acompañado. En cuanto al festival el paréntesis ha servido para hacer balance, frivolizando o simplificando con el topcine de puntuaciones dedicado a la mayor parte de la programación y con la participación de colaboradores y amigos de otros medios (Tonio Alarcón, de la revista especializada Dirigido por…, Toni Junyent, de la revista online Contrapicado.net, y Rubén Romero, del diario Público). La conclusión inmediata que se puede extraer del mismo es que en líneas generales se ha visto buen cine, puntualmente brillante, y que incluso la, al principio, decepcionante Sección Oficial Fantàstic, es donde se han podido ver algunos de los mejores films: Vinyan, de Fabrice du Welz; The Good, the bad and the Weird, de Kim Jee-woon, Let the Right One In, de Tomas Alfredson, Red, de Lucky McKee, Eden Lake, de James Watkins. Que los años pasados fueran mejores (algo que tampoco está tan claro) no significa que el actual sea malo. Otra cuestión es analizar lo acertado o no de seleccionar según qué películas en la S.O. Fantàstic, aspecto que siendo honestos en esta edición se ha cuidado poco por las razones que sean.

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Blindness, de Fernando Meirelles (Reino Unido, 2007). Fantàstic

El cine de tesis que viene de la novela de tesis es ciertamente un arte de menos tesis. Está comprobado que no es lo mismo desarrollar un discurso desde el papel, que hacerlo desde la cámara, que es diferente accionar que aleccionar, construir que instruir. Fernando Meirelles transita de la ilustración al pastiche ideológico e intelectual, rocía de palabras feas las acciones horribles y de acciones bonitas los vocablos más dulces, se subyuga, se subraya, se subestima en su versión (des)mejorada y quebrada de su talento posible (El jardinero fiel tenía buenas ideas y Ciudad de Dios, buenas soluciones). Blindness es una película tan plana como su acabado, tan repetitiva como su concepción estética y tan burda como su lectura final: sólo una persona ve la luz y ella guiará a los demás  aprovechando su fuerza para derribar a los equivocados e instaurar la verdad en un mundo que se encamina hacia su final. Lo demás es literatura sin traducir, un compendio de buenas (malas) intenciones y lo de las carreteras, las piedras y el infierno. Al menos nos permite disfrutar de una Juliane Moore resuelta e insobornable que impone la música que todos han de seguir en este tenebroso acercamiento a los rincones más tétricos de nuestras pupilas.

M.O.

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The Good, the Bad and the Weird, de Kim Jee-woon (Corea del Sur, 2008). Fantàstic

¿Ha tenido usted un mal día? ¿Se encuentra cansado de su trabajo? ¿Está usted necesitado de emociones fuertes y experiencias proletarias? ¿O acaso está harto ya de palabrejas como “existencialismo”, “nihilismo”, o “monoteísmo cromático”, expresiones burguesas que todos usan sin saber lo que significan o que se inventan en un alarde de cultura sin precedentes? Pues bien, usted lo que necesita es The Good, the Bad and the Weird, nuestra última propuesta para combatir lo insulso y lo pedante, lo guay y lo pretencioso. Porque disfrutar de esta obra es algo así como ir al mejor buffet asiático de su ciudad, donde puede usted encontrar de todo a muy buen precio, pero eso sí, a riesgo de sufrir un empacho. Si el año pasado os trajimos Sukiyaki Western Django, un buffet libre giratorio (y japonés) con sobreingesta cool, en esta ocasión hemos mejorado el producto porque no nos gustan los prejuicios ni las miradas por encima del hombro. Y es que tenemos al mando de este J-Western a uno de nuestros chefs más talentosos, Kim Jee-woon, cuya cocina procede de la gran tradición coreana del reciclaje alimenticio, es decir, que sin tradición genérica, prefiere mezclar todos los ingredientes para que no falte de nada en sus platos. Pero el resultado no satura porque nuestro chef mide de manera excelente sus componentes, y no se pasa con los condimentos. Vamos, que si esto fuera cine, sería lo más parecido a una puesta en escena brillante, a una mejor dosificación del ritmo, y a un inconmensurable casting encabezado por Song Kang-ho. Para comprobar sus virtudes y degustar algo que cada vez se hace menos, solo tiene que acudir a nuestra inaugurada sección de “Ucronías Genéricas”: estaremos encantados de servirle.

R.A.O.

God's Puzzle, de Takashi Miike (Japón, 2008). Noves Visions

Takashi Miike es un valor seguro para la programación del festival. Este año se han traído dos películas. Una mala, Crows. Episode 0, que comenté hace un par de días. Una buena, esta God's Puzzle en cuyos primeros minutos todo apunta a que se desarrollará por escenarios y a través de métodos similares a la mala. Sin embargo, sorprendente y afortunadamente, va girando poco a poco, divirtiendo por el camino, hasta el punto de mostrarse como una bizarra comedia juvenil bien asociada con la fantasía y de ajustado toque naif. El mundo de una adolescente, gestada de forma artificial para que nazca con dotes de genio, que no comprende bien para qué ha nacido y le cuesta mucho relacionarse con la gente, choca de frente con el de su compañero de laboratorio, que es capaz de hacer “el mejor sushi para un aficionado”, pero está muy lejos de teorizar sobre la materia y la antimateria. Este contrapunto, bastante evidente sobre el papel, está muy bien descrito, incluso por unos diálogos audaces, algunos crueles. Del mismo modo, el enfrentamiento entre ciencia y arte, expuesto desde el principio por la película, cobra un sentido especial por las diversas sugerencias que se extraen del discurso elemental que lo sustenta: el visor ocular con el que trabaja ella, la sesión de estudio que se pega el muchacho durante toda una noche, el anciano viudo que decide estudiar para no “irse sin nada”...God’s Puzzle es muchas cosas (no todas buenas) y se puede disfrutar de diferentes maneras, pero lo sorprendente al final es que se revele, más después de derivar hacia un desenlace apocalíptico rebosante de apuntes siniestros (el charco que hay en la habitación de la protagonista; la imagen de un personaje colgando ahorcado de una viga; la incesante lluvia durante el clímax, etc.), como un emocionante y delirante relato sobre lo que ocurre cuando uno se enamora de quien menos se lo espera.

J.D.C.T.

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Home Movie, de (Japón, 2008). Noves Visions

En "Otra vuelta de tuerca", Henry James anticipa uno de los terrores que mayor desasosiego provocan en la sociedad contemporánea: la invisibilidad del Mal, y por tanto, lo incierto de su naturaleza e intenciones. Frente al horror físico de la tradición gótica, James apela a lo incorpóreo para asustar a sus criaturas. Aterra lo que no vemos porque no sabemos cómo combatirlo. En su ópera prima, Christopher Denham expone esta tesis con la trágica historia de los Poe —¿homenaje al autor de El cuervo, maestro del espanto inmaterial?—, una familia disfuncional que intenta tapar los agujeros de su vida afectiva trasladándose a una casa de campo. El padre, pastor luterano, graba en vídeo todas las fiestas del año para tratar de fortalecer una convivencia forzada. La madre, psicóloga, busca en su trabajo la satisfacción vital que no encuentra en su matrimonio. Y los niños, dos gemelos autistas, guardan su intimidad con un celo malsano y truculento. ¿Qué esconden y por qué? A partir de las cintas de vídeo caseras, Denham ahonda en el misterio con un relato tenso y agobiante que progresa dramáticamente desde la aparente felicidad de las primeras grabaciones al horror del clímax final. Esta arquitectura, que recuerda en atmósfera y propósito a Capturing the Friedmans y el El proyecto de la bruja de Blair, sostiene una aguda reflexión sobre los lodos de la fe, la vida en pareja, los límites del amor paternal y la corrupción de la inocencia. Como James, Denham plantea más preguntas que respuestas acerca de la causalidad y designios del Mal, dejando en los labios del espectador el regusto agrio de las fábulas sin explicaciones, ya sean morales, espirituales o lógicas. En ese punto, la película se acerca a la definición del Joker de Chris Nolan. Hay personas que simplemente quieren ver el mundo arder.

R.A.

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Volumen 5 - 7 de octubre

Eden Lake, de James Watkins (Reino Unido, 2007). Fantàstic

Cualquiera que haya visto Viciosas al desnudo de Manuel Esteba sabe que la juventud siempre ha estado fatal de lo suyo. Las cosas no han cambiado tanto aunque cambiemos de país, de tiempo o de camisa, aunque creamos que ya somos adultos y que podemos entenderlo todo o que nos entiendan, aunque se(p)amos las soluciones de problemas que nadie nos quiso nunca plantear (no conviene, no procede, no). La juventud (y la niñez) está fatal como demuestra esta película y la sorprendente Vinyan de la que ya habló, y muy bien, el compañero Roberto.  Eden Lake, más que interesante ópera prima de James Watkins, es un “survival” tenaz y elegante que trasciende su propia naturaleza genérica para reflexionar sobre cuestiones nada baladíes. La educación (de las brujas), conocer la historia para repetirla, el caudillaje y la sumisión, la condición humana (y animal) o el fatum y sus derivados, son los ingredientes que van conformando una narración que siempre lucha por darle una vuelta más a la soga que nos comprime/ahoga/pasea. El horror no reside en monstruos extraordinarios, ejércitos de zombies o vampiros sedientos sino que habita en todo(s) a la vez: en nuestro hermano pequeño, la sobrina de mi amigo y el hijo de la vecina del quinto. Esta película se encarga de dejarnos claro que los espejos devuelven a los monstruos sin que estos sean tan sobrenaturales como en la última película de Aja.

M.O.

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Martyrs, de Pascal Laugier (Francia-Canadá, 2008). Fantàstic

Que un film como Martyrs sea capaz de levantar toda la polvareda que está levantando, solo puede ser entendido desde el pensamiento superficial que nos invade, desde la ausencia de reflexión, desde la facilidad para acogernos a lo cafre y la incapacidad de no pensar las imágenes que engullimos. Pascal Laugier, su realizador, ha decidido montarse en el carro del gorno o torture porn —esa nueva acepción que hace referencia a aquellas películas que giran en torno a la tortura explícito y al regocijo en lo truculento, jugando al límite con una cierta estética de lo abyecto—, pidiendo la anexión instantánea al club que forman sus colegas Alexandre Aja, Maury y Bustillo, o Fabrice du Welz. Y lo ha hecho en una obra atravesada por la impostura, recubierta de influencias más o menos agraciadas —el rape&revenge, el grand guignol, la temática sectaria—, pero al mismo tiempo imbuida en un intento de discurso trascendente para intentar encubrir que lo que ha rodado es un simple film de horror con 30 minutos finales de tortura softcore, que ni siquiera tiene cojones de llevar a sus últimas consecuencias. Martyrs no trasgrede nada porque sus imágenes son tan puerilmente trasgresoras que solo asombrarán a quiénes se acerquen a un film de horror por primera vez, algo similar a lo ocurrido con la recepción multitudinaria de El orfanato el pasado año: películas de género para gente que no consume género. Decían que el sr. Houellebecq se había plantado en Sitges con la película más pretenciosa del festival. Definitivamente, Pascal Laugier lo ha superado en pedantería…y todo para esconder un simple pastel de sangre. Lo triste es que con todo el tinglado que se ha montado alrededor del film, se hablará muchísimo más de una inanidad como Martyrs que de una maravilla como Vinyan.

R.A.O.

From Inside, de John Bergin (EE.UU., 2007). Anima't

El cine de animación tiene sus propios códigos y pautas que amplían, o acaso sustituyen, los elementos que componen una película entendida originalmente como la grabación de imágenes reales en movimiento. Estos serían, por citar algunos ejemplos a vuela pluma, el diseño de personajes, el empleo (o ausencia) de colores o el tipo de fondos. Algunos trabajos de animación brillan gracias a las numerosas ideas que despliegan a partir de estas características inherentes al dibujo. Otros incluso solamente en base a estas, pues se construyen prácticamente sin tener en cuenta el mundo real. Sin embargo, cuando se trata de contar una historia hay que ser riguroso y consecuente, aun cuando se aspire a quebrar las reglas. Todas estas obviedades o bien las desconoce John Bergin, autor total (productor, guionista, animador y director) de este film (que se adapta a sí mismo), o sus pretensiones están muy por encima de sus aptitudes: From Inside es irritante de principio a fin, al contradecirse y anularse por completo (tampoco es que su argumento o punto de partida sea muy novedoso o interesante sobre el papel) debido al pobre sentido narrativo que posee (con la voz en off de la protagonista como único interfaz  con el espectador, que deviene en un recurso insufrible y por momentos innecesario) y las formas que presenta (hacía tiempo que no veía una película de dibujos animados que fuera tan mezquina en su relación entre imágenes generadas por ordenador y dibujos tradicionales).

J.D.C.T.

Beautiful / Arumdabda, de Juhn Jai-Hong (Corea del Sur, 2008). Noves Visions

Basta echar un vistazo a los nuevos realities sobre estética para ver de qué forma los conceptos más asentados dentro de nuestra mentalidad, se han ido relativizando hasta la banalidad. De este modo, parece que perdemos interés por conocer los procesos mentales que llevan a una persona a hacerse vigoréxica o, por el contrario, los que llevan a otra a caer en la bulimina. De alguna forma, lo asumimos como algo habitual, y más si se trata del primer mundo. Beautiful me parece destacable como filme que construye, con más voluntad que resultados, varios de esos procesos que llevan a una mujer de reconocible belleza a la locura que supone la lenta eliminación de sus propios atributos, los que la definen, hasta convertirse en lo que más tema, en otra más del montón. Supongo que Kim Ki-duk le habría otorgado un acabado más redondo, menos mediatizado por una serie de golpes acumulados durante la trama, que terminan propiciando un clímax intenso pero frustrante —el apunte necrófilo como último paso antes de la muerte de la identidad, convertida en despojo físico follable y olvidable, podría haber dado para mucho más— y una sensación de obra primeriza, que epata cuando tiene armas suficientes para armar un discurso coherente y, encima, atractivo.

O.B.

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Searchers 2.0, de Alex Cox (EE.UU., 2008). Seven Chances


 Los festivales son lugares (sitios, eventos, estados) a los que vamos, por lo general, para que nos sorprendan. Sorprendentemente, esto pocas veces ocurre ya que el “premarketing”, internet, las mareas freaks y los “listos” (Maaaaaarcial) condicionan a las masas que acuden en idem a las mismas películas, los mismos días, en las mismas salas. Repo! o Martyrs son dos casos extremos de expectación (pre)concebida por algún ente de algún ente privado o similar. Los directores de estas películas, por lo que me han comentado, están muy por debajo de sus directores de marketing, y eso es perjudicial casi siempre (créanme, trabajo en publicidad). El festival y el compañero de contrapicado.net Gerard Casau tuvieron a bien  presentarnos, en una sala tristemente semivacía, una de las propuestas más interesantes vistas hasta ahora, una declaración de amor al cine, de argumento imposible y actores imponentes que hacen del sentido del humor, el sentido de cualquier viaje. Como si Ethan Edwards, en lugar de buscar a Debbie, decidiera ir a por Frank Nugent para, en un giro metacinematográfico, comprender definitivamente que ni Penélope ni Ítaca suelen estar nunca en su sitio. Como una reflexión divertida y subversiva que sabe a que sabe los sueños rotos y sus amargos postres, como una versión actualizada de una búsqueda improbable. Como la cinefilia misma.

M.O.

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