Banda sonora

Por Raúl Álvarez

Vicky Cristina Barcelona (VV.AA. Telarc)

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El periplo europeo de Woody Allen ha marcado un punto de inflexión en las bandas sonoras de sus películas. El director ha enterrado el jazz para abrazar la ópera (Match Point), el clasicismo (Scoop), el minimalismo de Philip Glass (Casandra's Dream) y ahora el folk español, con músicas de Isaac Albéniz, Paco de Lucía o Juan Serrano, si bien la canción más popular (y descargada) del film es esa Barcelona pop de Giulia y Los Tellarini, que de la noche a la mañana se han convertido en nuevo icono del modernismo made in iPod. Como los personajes, temas y paisajes de la película, la elección de las canciones responde a la irónica visión que lanza Allen sobre los tópicos de la cultura española. El turismo, el amante latino, el buen comer y el mejor beber, la bohemia artística o la liberación sexual son, en manos del director, un cómic de arquetipos desenfadados que al final revelan su lado más tormentoso. En esa progresión dramática, la música cumple una función vital en tanto adquiere paulatinamente un tono triste y melancólico que ilustra la deriva sentimental de los protagonistas. Falsamente ligera, como el guión, la música de Vicky Cristina Barcelona parece un príncipe azul, pero esconde el corazón turbio un sapo.

Tropic Thunder (Theodore Shapiro. Lakeshore Records)

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En los últimos años, Theodore Shapiro se ha especializado en comedias gamberras y parodias de brocha gorda como Patinazo a la gloria, Idiocracy, Tú, yo y Dupree, El diablo viste de Prada o Starsky & Hutch. En la mayoría de casos, los resultados de su trabajo están muy por encima de los de la película porque, a diferencia de los actores y directores implicados en cada proyecto, sabe dónde está el límite del desmelanamiento técnico y la hipérbole formal. Sabe que cruzar esa línea le convertiría en la caricatura de una caricatura. En Tropic Thunder, Ben Stiller cruza la línea y Shapiro no, de modo que nos topamos con un interesante doble discurso. Por un lado, un discurso narrativo demasiado forzado en lo visual y en lo literario, histriónico y autoconsciente. Y por otro, un discurso musical que gamberrea modélicamente, sin perder el control, con los tópicos sonoros del género bélico: el tema triunfal dedicado al héroe, el lamento por la muerte de un protagonista o el rescate épico del final. La partitura de Shapiro se ríe de estas situaciones con un conjunto de piezas de gran fuerza orquestal que, además, aportan buena parte del ritmo del film. La banda sonora también incluye una selección de canciones que figuran en un CD que se vende aparte del score instrumental. La mejor, por su utilización bufonesca, el clásico Run Through the Jungle de la Creedence Clearwater Revival.

Wanted (Danny Elfman. Lakeshore Records)

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Parecía imposible que Danny Elfman se soltara más el pelo de lo que lo había hecho en Beetlejuice, Darkman, Spy Kids o Men in Black II, pero en Wanted ha creado la que probablemente sea su más rotunda oda al exceso y el frenetismo sinfónico. Decididamente volcado en la acción de la trama, el compositor regala a sus fans una colección de cortes enérgicos y vertiginosos en los que muestra su aplastante dominio de los metales y las percusiones. Wanted es una pastilla de speed, un chute de adrenalina, cinco dosis de EPO, una tormenta eléctrica, una orgía sonora non-stop que acompaña virtuosamente las secuencias imposibles imaginadas por Bekmambetov. Junto a Speed Racer, de Michael Giacchino, la mejor pasada de frenada del año.

Star Wars: The Clone Wars (Kevin Kiner. Sony Classics)

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La música compuesta por Kevin Kiner para la última entrega de Star Wars ilustra los derroteros que ha tomado la saga desde que Lucas decidiera contar lo que pasó antes del Imperio galáctico. No habló de la infantilización de tramas y personajes, totalmente lícita porque es intencionada y busca la complicidad de los más pequeños, sino de la carencia de emociones auténticas, del sentido de la maravilla, de espíritu aventurero, del placer de narrar una historia más grande que la vida. Eso le ocurre al trabajo de Kiner. Técnica y formalmente es música de calidad, pero no me transmite ardor, tensión, drama, miedo ni épica. Es un ejercicio frío y calculado, desapasionado, sin carácter, a ratos tímido y amordazo, como si el autor temiera las comparaciones con John Williams.

Los girasoles ciegos (Lucio Godoy. N/D)

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Lucio Godoy es uno de los compositores hispanoamericanos actuales con más talento y sensibilidad. Particularmente me emocionan Los lunes al sol, Intacto y El aura, tres obras sublimes en las que alcanza cotas dramáticas realmente conmovedoras. Los girasoles ciegos abunda en esa línea melodramática con una partitura elegante y compleja que ahonda en las zozobras sentimentales del trío protagonista, alcanzano momentos de gran belleza y lirismo. Sin embargo, esta intensa creación pierde parte de sus efectividad narrativa por culpa de la utilización abusiva que el director hace de la misma. Cuerda ahoga las imágenes en música, subraya cada emoción y cada gesto, y enfatiza hasta la náusea el más íntimo detalle, matando muchos silencios necesarios. Mal fin para una música tan sabia.