La pudimos ver en Sitges 2007, donde se llevo el premio a la mejor película europea de animación, también en la muestra Scifi de 2007, y a pesar de lo mucho que gustó en ambos eventos, nunca se estrenó comercialmente. Parece que los distribuidores piensan (yo creo que algunos ni siquiera piensan) que el cine de animación solo interesa si va dirigido a todos los públicos y no sabemos si algún día serán capaces de cambiar su mentalidad. Al menos Cameo sí ha sabido fijarse en esta pequeña maravilla, una actualización de Hardcore, un mundo oculto en clave de animación, donde un cura emprende una sanguinaria venganza contra toda la industria del porno tras la muerte de su hermana, una estrella del género, que le deja a su cargo una niña pequeña con la mente algo turbia a consecuencia del trabajo de su madre y las compañías que ésta frecuentaba. Su director, Anders Morgenthaler nos cuenta una historia de violencia, pero planificada de forma nada violenta, siendo sutil en la técnica y con unos personajes diseñados con firmeza a medio camino entre el realismo y la caricatura, en la que de vez en cuando se intercalan fragmentos de imagen real cuando los protagonistas recuerdan a la fallecida. No se trata además de una edición convencional, sino que Princess: Edición especial cuenta con un par de contenidos adicionales verdaderamente atractivos. Por un lado el cortometraje Araki: the killing of a Japanese photographer que pasa por ser un curioso borrador de Princess con el color menos trabajado y el trazo más inseguro pero que prefigura perfectamente aquello en que se iba a convertir el film, y Jeppe vs. Morgenthaler: Luces y sombras del porno, una muy interesante entrevista de una hora de duración mantenida por el director con el actor y productor de cine porno Jeppe Severin donde Morgenthaler redunda en las polémicas declaraciones realizadas en el festival de Cannes (sí, la película también pasó por allí) y aunque tiene la oportunidad de matizarlas un poco más, esta visión arroja la posibilidad de una segunda lectura sobre la película, que fue la que propugnó la polémica en el festival franchute.
Sergio Vargas
Basado en el comic de igual título de Steve Niles que narra la lucha por la supervivencia de los habitantes de un pueblo de Alaska asediado por vampiros durante el mes de oscuridad que cada año se produce gracias a los caprichos de la latitud septentrional, 30 días de oscuridad, el segundo trabajo de David Slade (Hard Candy), podría ser uno de esos film blanc de los que habla Adrian Martin (refiriéndose a los thrillers contemporáneos en escenarios nevados) de no ser porque se trata más bien de un film pink pues, como le ocurre a la momia de la brillante Los cronocrímenes, cuando el blanco de la nieve se mezcla con el rojo de la sangre la combinación es de un rosado de lo más sugerente. Si bien los vampiros son menos humanizados que en el comic (en el que aunque humanizados no dejan de ser bastante cabrones), sí resulta una buena adaptación en cuanto a situaciones y personajes, y los efectos especiales son un gran punto a su favor. La mejor definición la daba Sergio Colmenar en su imprescindible blog: «Sofisticada y desquiciante a partes casi iguales, de ritmo acelerado pero con proezas casi estáticas en lo cinematográfico que son minucias pero que saben estupendamente, sombría, salvaje y a cada momento que pasa más tensa, más gore y más lograda toda ella». La edición especial de Sony, al margen de las clásicas entrevistas, trailers y demás, nos ofrece cerca de cuarenta y cinco minutos dosificados en pequeños documentales que giran alrededor de toda la producción de la película, destacando principalmente el de los efectos especiales, que resultará una gozada para todos los aficionados.
S.V.
Cameo nos trae una de las mejores obras de un autor que nunca será valorado por su trabajo sino por su adscripción al tan importante como luego olvidado Nuevo Cine Alemán (no voy a poner NCA porque, como bien dice Tonio L. Alarcón en Dirigido por, es una cursilería y además mucho nuevo iluminado emparentaría al bueno de Volker Schlöndorff con Judd Apatow o Will Ferrell. Y eso no). El silencio tras el disparo es la constatación casi reveladora del fin de las ideologías en el principio de un nuevo milenio, el amargo resquemor de que todos nos parecemos a todos cuando se nos intenta igualar por abajo. V.S. (permitidme aquí las siglas pero es que el apellido del alemán tiene tela) cuenta la historia de una terrorista imaginaria llamada Rita Vogt y adscrita a alguna célula del grupo terrorista alemán Royal Air Force. Sus peripecias en la clandestinidad, sus historias de amores imposibles, de relaciones fracturadas, de separaciones forzosas, la llevan a sentirse un fantasma que con los cambios de nombre ha perdido la identidad. Su vagar(el silencio) procede del disparo (su voz), la muerte de su esencia dura los 103 minutos que tarda V.S. en recobrar la suya.
Manuel Ortega
El inmenso talento mostrado por Julie Taymor en su ópera prima, Titus (1999), como realizadora cinematográfica no ha tenido la continuidad que cabía esperar. Sin embargo, tanto Frida (2002) como esta Across the Universe (2007) son films estimables, quizá hipotecados en exceso por su condición de productos codficados (aunque esto también se podria aplicar a prirori a las adaptaciones teatrales y más concretamente a las de obras de Shakespeare), en realidad lastrados por su convencionalidad general que pervierte el delirio, la insania, el riesgo, elementos que aparecen sí, pero de forma controlada como pidiendo permiso. Taymor es una cineasta muy interesada en lo simbólico, en las formas y figuras; necesita por tanto de una determinada flexibilidad, pero también de un material ampliamente maleable. Titus es el paradigma. Frida la excepción pseudo-artística. Across the Universe un salto al vacío. El resultado es desconcertante pero atractivo a la vez. Adaptar a The Beatles no es fácil, ni desde luego bien digerible (al menos por los fanáticos del mítico y memorable grupo de Liverpool). Su música y sus letras sirven para construir una historia de amor previsible en la superficie, pero turbulenta en sus pliegues. También para describir un mundo que intenta cambiar, que quiere ser otro. Sus mejores instantes, los mejores números musicales, son los que perfilan esas ideas: la reconversión textual y sonora de "I want to hold your hand" cantada por V.T. Carpio (Prudence en el film), la poderosa voz de Dana Fuchs (Sadie) que retumba en la monumental "Helter Skelter", el genial inserto que da pie a "Let it be", el muy elocuente "Dear Prudence" que congrega a todos los personajes en el ánimo de ayudar a su amiga... incluso las recreaciones más previsibles ("Come together", "I am the Walrus", "Strawberry fileds", "Revolution"...) funcionan en varios niveles. A pesar de todos sus defectos, mi absoluta recomendación para este musical poco corriente, que en la presente edición en 2 discos nos enseña aspectos muy significativos de su producción, y contiene un imprescindible repertorio de los numeros musicales extendidos y una escena que acabó fuera (pienso que acertadamente) en el montaje final: "And I love her".
José David Cáceres Tapia
El alemán Douglas Sirk fue uno de los realizadores que mejor se adaptaron al sistema de estudios de Hollywood. A pesar de unos inicios que le hicieron transitar diversos géneros, su obra, de una personalidad desbordante aun dentro de un terreno bien conocido, destaca por sus melodramas desaforados. Casi todos me parecen extraordinarios, pero desde que los vi por primera vez dos de ellos han quedado grabados a fuego en mi memoria. El primero es en verdad el último, esto es, el film que clausura la carrera del realizador, Imitación a la vida (1959), una suerte de compendio de todo lo que significa y ofrece su cine; de una sensibilidad siempre al límite, que expresa una gama de grises más emocionante que turbia, se trata de una obra moderna, extraña y oblicua (nota al margen: es uno de los films que más influyeron a Todd Haynes para su portentoso homenaje al género y a Sirk en Lejos del cielo, 2002). El otro film es, obviamante, esta tragedia escalofriante, realmente demoledora (vid. ¡¡ese desenlace!!), pero de una belleza infinita. Basado en una novela de Remarque —que tiene una importante aunque breve papel—, su inicial tono ligero, alegra, progresivamente se vicia de los efectos devastadores de la guerra que destruye física y emocionalmente un equilibrio solo aparente, en verdad inexistente. La presencia delicada de una memorable Lilo Pulver eleva aún más esta obra, que se encuentra entre los films más honestamente conmovedores del cine americano.
J.D.C.T.