La cuestión humana REPORTAJE ESPECIAL

Por Celina López Seco

De la delación a la auto-delación: el perfeccionismo de una sociedad de masas

La cuestión humana hace un paralelismo entre los mecanismos que utilizó el nazismo para “limpiar el mundo” de judíos y los mecanismos que implementa nuestra economía liberal para eliminar lo que no sirve ni es funcional a la producción. Pero más que un paralelismo se rastrean las huellas de una continuidad: la de la sociedad tecnificada. Una sociedad estandarizada, limpia, previsible, desinfectada, hoy nuestra sociedad de empresas regulada por la lógica del mercado, mercado y psicología. O “cómo  funcionalizar la economía”.

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Los directores generales de la fábrica de La cuestión humana fueron hijos de ejecutantes de las ss; hijos de asesinos. Pero las marcas van mucho más allá, porque estas filiaciones con el mal no están planteadas para estigmatizarlo y así otra vez quedarnos con la conciencia en paz. Más bien son puestas sobre la mesa como huellas inextirpables que toda sociedad que se proclama democrática debería poder asumir. Aunque no nos guste de donde venimos nuestra procedencia siempre nos termina delatando. De aquí se desprenden dos puntas que son dos pasajes o tránsitos de una época a otra: si en el período de las guerras mundiales la delación era una práctica corriente que servía para señalar al enemigo: el impuro; hoy hemos reciclado el dolor del holocausto aprendiendo a delatarnos por nosotros mismos. Nuestras conductas nos ayudan, nuestros gestos, nuestros gustos, nuestra formación o deformación, nuestro color y nuestros dientes. Se oculta lo que se puede, se muestra lo que se quiere y en varias ocasiones, se reza por pertenecer, porque el ultimo dictamen, el que desnivela la balanza del deber ser, hoy lo da la ciencia demiurgo encargada de la desinfección: psicología.

Con una amable palmadita en la espalda, un telegrama de despido y una indemnización si  toca, muchas empresas se deshacen de lo que no suma, de lo que entorpece, de lo que molesta: de un hombre. ¿Cómo relaciona el proceso de reestructuración con el factor “humano”? le pregunta el director general al psicólogo colaborador de la reducción de personal. No hay respuesta. El factor humano es una variable económica, una más, y como en otras épocas que creímos superadas: de la delación a la auto-delación. Se perfeccionaron y sofisticaron con el transcurso del tiempo las técnicas y modos de señalar al otro. Nadie nos señala, ahora ser, implica delatarse.

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¿Quién es ahora que no está Hitler, el monstruo macabro diseminador del horror sistematizado? ¿Quién es hoy capaz de erigirse en representante de una raza superior? ¿El sistema neoliberal?

De allí que el juego de La cuestión humana no este dado por el lúcido reconocimiento y señalamiento de la repetición histórica sino más bien por lo que dicha repetición tiene de condición humana más que de contingencia histórico ideológica (aunque ambas sean inherentes al hombre). El sistema somos todos, por eso hay que estar alertas, cuidar el orden y la pureza, desinfectar la zona, la empresa, la frontera, mi barrio, mi casa, la escuela, hay que desinfectarlo todo de posibles gérmenes infiltrados…