Novedades DVD

Por VV.AA.

Yo (Rafa Cortés, 2007. Cameo)

caratula

 

El pasado 22 de octubre salió al mercado doméstico una de las películas más enigmáticas y sobrecogedoras producidas en 2007, Yo. La espera ha valido mucho la pena ya que la edición presentada por Cameo es espléndida en la que destacan notablemente los contenidos extras: audiocomentario del director, making of, la banda sonora de Óscar Kaiser (cuyo leit motiv capta con extraordinaria sutileza, aun fuera de las imágenes para las que se crearon, el extrañamiento del relato), escenas eliminadas (acertadamente; quizá solamente en la que Hans acude al trabajo por la mañana cuando debería librar aporta varios detalles interesantes y bien podría haber permanecido en el montaje final), y los trabajos cortos del realizador balear. Estos últimos Como ser Federico Fernández y La leyenda del sevillano, brillantes y divertidos, desvelan la preocupación primigenia, casi se diría que obsesión, de Rafa Cortés por la identidad, por ser en vez de estar (como bien nos comentaba en la entrevista que abría el ciclo de reportajes Cineastas Españoles del Siglo XXI), con un marcada concepción del espacio y la imagen. En cuanto al film en cuestión Yo es un film único e inagotable que fluye más allá de su primer visionado y que vuelve a soprender, divertir e inquietar en los siguientes. Rodado íntegramente con cámara subjetiva (siguiendo parecido planteamiento al empleado por Michael Mann en The Insider en las escenas desde el punto de vista del personaje incorporado por Russell Crowe), recurso con el que suelo tener reparos y no siempre me parece bien empleado, aquí produce, sin embargo, una narración rigurosa y posee una expansiva capacidad de sugestión. Aunque habría que convenir que el film no sería lo mismo sin el concurso de Alex Brendemühl / Hans y de Rafel Ramis / Miquelet.

José David Cáceres Tapia

Ingmar Bergman. Initial Series (VV.AA. Cameo)

caratula

   

Agrupados bajo los genéricos: Bergman y el Teatro, Bergman y el Cine y Bergman y la isla de Farö, Cameo presenta estos tres documentos que recogen una larga y paciente  entrevista realizada por Marie Nyreröd para la televisión sueca en 2004 (existe también una versión ‘cinematográfica’ de noventa minutos a partir del mismo material, titulada La Isla de Bergman) . El mayor interés de la propuesta viene del hecho de estar realizada en fecha tan reciente, y por ello ser, probablemente, uno de los últimos encuentros registrados con el gran cineasta y hombre de teatro sueco. A nivel formal y estructural se echa en falta algo más de riesgo o profundidad, e incluso, en ciertas ocasiones, se le puede reprochar a la propuesta algo de descuido —la repetición de fragmentos y bloques de secuencias enteros de uno a otro de los episodios, hace que en lugar de sumar, los sucesivos visionados, resten—. Pero como ya habíamos podido ver en otras ocasiones, el solo mérito de tener al propio Ingmar Bergman delante de la cámara es cualidad suficiente para captar el interés; a medida que la entrevista avanza podemos observar cómo su mente ágil y llena de temores y su cuerpo anciano, van tomando el control de la situación. Bergman no sólo cuenta lo que quiere, como quiere y cuando quiere, sino que decide además el modo de hacerlo, con sutiles trucos de viejo zorro, jugando por medio de su propia ‘puesta en escena’ con su interlocutor, los operadores de cámara, los espacios, el montaje o la propia dirección de actores. Entre las revelaciones que nos ofrecen estos documentales —de los que Bergman y Farö es el más interesante—,  se encuentran los de poder ver algunas de las imágenes tomadas por una cámara de 16 mm. que acompañaba a los rodajes de sus filmes desde finales de los cincuenta, y que el propio Bergman define como un ‘álbum de fotos familiar’, o el poder tener un testimonio visual del ermitaño en su refugio —en el que reconocemos además ciertos espacios íntimos que formaban parte de los decorados de sus filmes—, y que convierte ese pedazo de tierra rodeado por el mar en algo más que un espacio físico,  dejando intuir el peso de las decisiones que llevaron al impulsivo y mujeriego autor al más completo aislamiento. Sus impúdicas y sinceras  confesiones hacen de éste un perfecto complemento puesto al día de los textos que componen "Imágenes" y "La linterna mágica".

Ángel Santos Touza

No profanar el sueño de los muertos (Jorge Grau, 1974. Divisa)

caratula

 

Jorge Grau se puso al mando de esta coproducción hispano-italiana nacida al amparo de La noche de los muertos vivientes con el propósito de recrear el espíritu de aquella en un film de calidad y a todo color que pudiese tener proyección internacional. Y vista hoy en día, lo primero que tenemos que reconocer es que no ha envejecido nada mal, pues treinta y cuatro años después sigue poniendo los pelos como escarpias en secuencias como en la que los protagonistas se topan con el primero de los muertos resurrectos en el sótano del caserón. No desmerecen tampoco unos muy logrados efectos especiales que destacan en esos primeros planos que muestran al canibalismo necrófago en su máximo esplendor, unos personajes con entidad, y un desenlace de los que no se olvidan. Entre el contenido extra que nos ofrece esta edición de Divisa destaca una entrevista en la que Jorge Grau explica con detalle varios aspectos de la producción y también se incluyen algunas de las buenas críticas que la película obtuvo de la prensa extranjera, desde países donde se distribuyó con títulos como Breakfast at the Manchester MorgueDo Not Speak of the DeadDon't Open the Window, Let Sleeping Corpses Lie o Zombi 3. .

Sergio Vargas

Samurai 7 (, 2004. Selecta-Vision)

caratula

   

Inspirada fuertemente por una de las mejores películas de la historia del cine, Los siete samuráis de Akira Kurosawa, hasta tal punto que los créditos la titulan “Akira Kurosawa’s Samurai 7”, la serie que nos ofrece Selecta Vision es un auténtico disfrute para cualquier aficionado al anime. En Samurai 7 el espíritu de la historia que Kurosawa concibió en 1954 junto a dos de sus guionistas habituales,  Hideo Oguni y Shinobu Hashimoto, es trasladado a un futuro donde conviven el japón tradicional de los samuráis con uno más futurista donde el desarrollo de la tecnología ha permitido la existencia de destructivos robots como los “nobuseri”, equivalente de los bandidos. El pueblo de Kanna se decide a buscar a un grupo de samuráis que les proteja del abuso de esta amenaza que quiere quedarse con su cosecha a cambio de perdonarles la vida. En la serie se dan cita la acción, la aventura y el humor (centrado en los personajes de la pequeña Komachi y el samurái-robot Kikuchiyo, alter ego del memorable Toshiro Mifune del film original) con un dibujo tradicional alternado de vez en cuando por un notable 3D en las apariciones de los “nobuseri”. No hay espacio para el aburrimiento en ninguno de los veintiséis capítulos de que se compone, en cada uno de los cuales existe uno u otro momento digno de mención, como las presentaciones de los samuráis dispersas a lo largo de los primeros capítulos, el salto al vacío de Kirara, el emotivo discurso de Kikuchiyo en el ecuador de la serie o el bautismo de sangre de Katsuhiro o… ¿Sigo?  Mejor verlo.

S.V.

Operación ogro (Gillo Pontercovo, 197. )

caratula

 

Como todo cine que se fundamenta más en las bondades de los coyuntural que en los inconvenientes de lo cinematográfico, Operación Ogro es una obra avejentada de manera prematura, rara por ser demasiado fiel a la realidad, casi pieza de museo histórico de su propia afiliación ideológica y temporal. Pero eso no quita para que aprovechemos la oportunidad que nos brinda Trackmedia de recuperar una obra de la que ha hablado más gente de la que la ha visto. La última película del controvertido Gillo Pontercovo (firmante al menos de  una película sensacional, La batalla de Argel) es una aproximación naturalista  a un hecho que cambió la historia de nuestro país sin que nuestro país la tenga muy en cuenta. La preparación del atentado que acabo con la vida de Carrero Blanco, sirve de excusa para que el director italiano se replantee cuestiones como la lucha armada como medio y no como fin, la posibilidad de poder cambiar el estado de las cosas mediante la unión de los estudiantes y los obreros (tema principal de Una película como otra cualquiera de Godard, en las antípodas eso sí, en la concepción del hecho cinematográfico), la importancia del azar dentro de cualquier raciocinio y el trabajo de grupo como aportación individual de cada uno a la (des)integración del colectivo para bien o, normalmente, para mal. Además ver a José Sacristán y Eusebio Poncela como jóvenes abertzales no tiene precio.

Manuel Ortega