Days of Glory (1944)

Por Daniel López Leboreiro

El signo de su tiempo

“[Days of Glory] era una película irreal, estilizada, y  no me gusta la irrealidad, la estilización [1].

Con estas palabras se refería Jacques Tourneur en The Celluloid Muse a su primera “gran película [2]. No es de extrañar si tenemos en cuenta la preferencia manifiesta de su creador por la autenticidad y el verismo, traducidos en escenarios naturales y el rodaje fuera de los estudios. En absoluto se refiere Tourneur en su declaración al contenido argumental de Days of Glory (Días de gloria, 1944). En su condición de perfecto artesano del celuloide, el cineasta asumió la propuesta patriótica-probélica-antinazi-prosoviética promovida por Hollywood desde la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial con la misma naturalidad con la que aceptaría pocos años después el guión de Berlin Express (1948), película que deja patente el abismo abierto entre la URSS y los Estados Unidos como consecuencia del resultado final del conflicto internacional y que desencadenaría la guerra fría.

En 1944 un filme protagonizado por un elenco de apuestos, morales y cultos campesinos soviéticos no sólo era perfectamente normal, sino que, además, muy bien visto por la administración norteamericana. Era, si se quiere, un acto de patriotismo. El pacto Hitler-Stalin hacía tiempo que se había roto; la nación de la hoz y el martillo se encontraba entre los aliados de los Estados Unidos y resistía de manera épica el ataque nazi en su propio suelo.

En el periodo de vigencia de la alianza entre estadounidenses y comunistas surgió un importante número de filmes prosoviéticos –léase antinazis o patrióticos, indistintamente-, entre los que podemos destacar obras como The North Star (La estrella del norte, Lewis Milestone, 1943), Mission to Moscow (Michael Curtiz, 1943), Song of Russia (Gregory Ratoff, 1943) o la propia Days of Glory. En ellas, los soviéticos son los protagonistas de historias destinadas a engrandecer su talla moral, su capacidad militar y sus bondades como nación aliada. Pocos años después, buena parte de sus creadores se enfrentarían al Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC) a causa de sus “audaces” argumentos a favor del comunismo en una irónica vuelta de tuerca del destino [3]. En 1949, año del inicio de las vistas del HUAC, haber participado en filmes antinazis no significaba lo mismo que en 1944 y, por ello, era considerado, cuando menos, como algo sumamente sospechoso.

El caso de Days of Glory difiere ligeramente de los anteriores en lo que a este último aspecto se refiere. Entre su elenco creador no se encuentra ninguno de los investigados por el HUAC, lo que, por otra parte, no exime al filme de su carácter eminentemente propagandístico. A pesar de ello, es conveniente destacar que, en la aceptación de Tourneur del proyecto, no influyeron los mismos factores que en la implicación de, por ejemplo, Lewis Milestone y Lillian Hellman en The North Star.  Mientras que éstos últimos eran simpatizantes de la ideología comunista y sentían una obligación moral en abordar proyectos de corte antinazi/prosoviético, Tourneur dirigió Days of Glory en 1944 como bien podría haber dirigido cualquier otra cosa. En su rol de perfecto artesano, el director cumplió a la perfección con el encargo del estudio y les entregó la “gran” película antinazi que ellos esperaban.

En su favor, y contrariamente a lo que sucede en las mencionadas The North Star, Mission to Moscow y Song of Russia, Tourneur no sacrifica el ritmo de su filme probélico con interminables divagaciones ideológicas. Si bien encontramos breves incisos propagandísticos en los que, desde el guión, el diálogo da paso a múltiples loas a la moral de los guerrilleros –como, por ejemplo, su diferenciación cultural de los nazis, a los que Days of Glory presenta como los bárbaros causantes del incendio de una biblioteca repleta de primeras ediciones de Tolstoi y demás genios de la historia de la literatura rusa-, están diestramente incluidos en la acción y no implican pérdida alguna de ritmo. Es el caso, también, de la secuencia en la que Nina (Tamara Toumanova) se dispone a interpretar una de sus danzas –en otra muestra de la sensibilidad cultural soviética- para deleite del joven Mitya (Glenn Vernon). Tourneur aprovecha para alternarla, en un diestro montaje de acciones paralelas, con la entrada de un soldado nazi en la guarida en que se ocultan los guerrilleros comunistas. De esta manera, el director convierte un episodio meramente anecdótico en una inesperada secuencia de suspense que finalizará con una nueva muestra de la altura moral soviética: los guerrilleros optan por perdonar la vida al monstruoso soldado nazi haciéndole prisionero a fin de respetar así las leyes internacionales. Una nueva incongruencia histórica –los gulags y el genocidio estalinista tras los juicios de Moscú de 1937-1939 no fueron precisamente ejemplos de lo anterior- en un filme de propaganda probélica que, muy a pesar de Tourneur, no pasa por ser más que el signo de su tiempo.

[1] Declaraciones de Tourneur para The Celluloid Muse incluidas en VV.AA.: Jacques Tourneur, Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Filmoteca Española, San Sebastián-Madrid, 1988, p 139.

[2] En otra entrevista, en este caso para Présence du Cinéma, Tourneur comentaba que Days of Glory supuso la primera ocasión en que los ejecutivos de RKO le confiaron una gran película. Ciertos fragmentos de la entrevista de Tourneur en Présence du Cinéma están incluidos en VV.AA.: Op. Cit., p 139.

[3] Lillian Hellman (guionista de The North Star), Howard Koch (guionista de Mission to Moscow), Paul Jarrico (guionista de Song of Russia) y Guy Endore (autor del argumento de Song of Russia) fueron víctimas de la lista negras impuesta en la industria cinematográfica norteamericana tras las vistas de 1949 del HUAC.