
Si al final de su cortometraje 7:35 de la mañana (que se incluye en la interesante edición coleccionista de doble DVD que lanza Cameo junto con el "making of", un montaje lineal de la película y algunas entrevistas) nos daba la impresión de que Nacho Vigalondo podía ser un gran contador de historias no convencionales, su debut en el largometraje parece confirmar esa intuición. Los cronocrímenes, al margen del revuelo mediático que montara a su alrededor en los albores de su estreno (que incluía un juego internáutico cuya realización también queda documentada en el DVD), es una excelente película de esas que despiertan en el espectador la sensación de aventura, esa misma sensación que consigue que no queramos que el film se termine, que lo estemos disfrutando de principio a fin, que la sorpresa nos alcance en cada recodo del guión; Una película en la que el héroe no es un héroe al uso porque ni sabe que lo es ni tiene interés en serlo, y aunque lo único que quiere es recuperar su status inicial todo se le va complicando de un modo tan retorcido que solo podrá conseguirlo engañándose a sí mismo, algo que solemos lograr sin esfuerzo habitualmente, pero es mucho más complicado cuando nosotros mismos somos otro que siempre nos gana por la mano. Una película que se acerca a lo expuesto en filmes como Primer de un modo igual de personal pero mucho más cercano, más físico. Sin duda, de lo mejor que se ha visto este año en nuestras carteleras.
Sergio Vargas

La trayectoria de Takashi Miike es una de las más prolíficas en media de películas por año en lo que a directores en activo se refiere, y lo más sorprendente es que sus películas siempre hacen mella en el espectador, para mal o para bien, ya sean comedias o dramas, terror o acción, musicales o thrillers, y cada nueva aportación es como una de las cajas del programa de Jesús Vázquez, y hay que abrirla con ilusión, porque lo más importante no es su contenido, sino lo que se disfruta mirando en su interior. Crows Zero, que ya pudimos ver en el festival de Sitges de este año, es el primer episodio (en 2009 estrenará el segundo, y también la comedia de acción Yaterman, así por lo pronto) de una una historia de mafiosos trasladada a un entorno tan poco habitual como un instituto, dando a luz una curiosa mixtura de géneros en la que la mala leche del autor es dosificada bastante más que en otras ocasiones en pos de una película mucho más comercial de lo habitual, pero sin dejar de lado su habitual humor gamberro y con un gusto extraordinario al rodar las secuencias de acción y las peleas entre unos chavales que no distan mucho de los protagonistas de Tekkonkinkreet con unos años más. J-Rock, hostias como panes y risas aseguradas en un nuevo exceso del director de Gozu que Mediatres Estudio a través de su sello Winds of Asia (en colaboración con Warner) incorpora a su aún pequeño pero muy interesante catálogo.
S. V.

Cuando era un adolescente cuatro ojos y mal peinado (bueno como ahora... incluido el pelo ralo aunque me lo dejaba bien largo aun no sé muy bien por qué) para mí el cine consisitía en dos obras maestras, El imperio contraataca y Blade Runner, el cine americano antiguo (no recuerdo que usaramos el adjetivo "clásico", seguramente nos referíamos a "las pelis en blanco y negro"), del cual al principio tenía la extraña convicción de que todo debía ser bueno (menuda impresión cuando comprobé que no tenía por qué ser así) y, last but not least, las películas de acción, sobre todo las de Jean-Claude Van Damme, para nosotros el mejor (si no contamos a Bruce Lee, Jackie Chan y cia, esos sí, unos "fucking masters")... En pantalla grande vimos muchas de sus películas de los noventa, aunque solo guardo recuerdo de ello con Timecop (1994) y The Quest (1996, dirigida por él). Con el tiempo esa pasión se fue desvaneciendo hasta desaparecer, por lo menos en mi caso. JCVD a mí no me ha gustado (si bien aprecio elementos interesantes y reconozco un punto de partida de lo mas divertido y prometedor) quizá porque ahora veo el cine de otra manera, aunque me inclino a pensar que la razon es que no me gusta ver a Van-Damme abatido, triste y mayor, de hecho es que no me lo creo. A mí me gusta(ba) mucho Doble impacto (1991), en la que el actor belga (ìqué sorpresa nos llevamos cuando nos enteramos!) interpreta a dos hermanos gemelos. PS: la edicion algo pobre sin embargo trae un making off que no tiene desperdicio.
José David Cáceres Tapia

Cuando era un adolescente melenudo y un poco heavy (no como ahora, que no tolero tanto el metal alemán) para mí el cine consistía básicamente en dos obras maestras, Pesadilla en Elm Street, y La noche de Halloween. Por eso, cuando Emilio Bazán, nuestro profesor de filosofía, nos ponía películas (de esas antiguas en blanco y negro) como El séptimo sello o Corredor sin retorno nos invadía una sensación bastante indescriptible. Hubiera sido mucho más llevadero, y tal vez hasta disfrutable, si no interrumpiera la proyección cada treinta segundos (no exagero) para hacer observaciones de lo más variopintas que podían discurrir sobre el aspecto psicológico de la trama o también de lo buena que estaba la protagonista casi sin ropa en su numerito musical inicial; El caso era interrumpir, y claro, nosotros pensábamos en lo divertido que sería si entrara por la puerta Jason Voorhees y se lo llevara enganchado por los huevos en un palo de hockey. Así que agradezco como agua de Mayo la edición de esa última (excelentemente presentada en caja metálica) que nos brinda Divisa con motivo del 25 aniversario de la compañía. Inmejorable ocasión para recorrer del tirón junto a Johnny Barret (Peter Breck) ese viaje al corazón de la verdad en el que, como ocurre en cualquier empresa arriesgada, puede perderse mucho más de lo que se busca ganar. Su director, Samuel Fuller, consiguió una película angustiosa basada en un montaje atrevido y una puesta en escena poco convencional, principalmente en la época de la que hablamos, y a la vez también crítica con una sociedad ya entonces tan despreocupada como ahora por ciertos aspectos relacionados con la integridad profesional y la salud mental, más pendiente del éxito personal a costa del hundimiento ajeno.
S. V.