Siguiendo caminos opuestos a los que guían la ‘desnortada’ política de estrenos en salas comerciales de nuestro país, Intermedio, propone un necesario acercamiento a una de las figuras más interesantes del actual cine japonés: Nobuhiro Suwa (Hiroshima, 1960), poniendo remedio a esa, prestigiosa en ocasiones pero, desde luego, innecesaria, aura de ‘invisibilidad’ que flotaba alrededor de los filmes del más europeo de los cineastas orientales contemporáneos. Su glosario de influencias, reconocidas en su mayor parte, así lo atestiguan: sin desdeñar lo nacional (Ozu, Naruse, Kawase) sus principales referentes se basan en los cines de los años sesenta (Bergman, Antonioni y la nouvelle vague, sus homólogos norteamericanos: Cassavettes, pero también Mekas y Brakhage), sus herederos (Pialat, Eustache, Doillon y Garrel) y por supuesto, sus maestros (Rossellini y Renoir)… todos ellos confluyen, de un modo u otro, en las propuestas, por otra parte nada mitómanas, del nipón —ni siquiera cuando éste se acerque explícitamente a Resnais y su Hiroshima, mon amour—. Este catálogo de nombres ilustres nos habla, a fin de cuentas, de un modo determinado de afrontar la realización cinematográfica y de registrar los cuerpos y presencias de los intérpretes que se sitúan ante su objetivo.
Intermedio ofrece tres de los cuatro largometrajes que componen, hasta el momento, la filmografía de Suwa —con la única excepción de H Story (2001) que, a pesar de ahondar en sus investigaciones, posee elementos distintivos respecto a los otros—. Dos son los elementos constitutivos del núcleo de su cine: el plano-secuencia, en lo formal, y la mirada sobre las relaciones de pareja, en lo temático. A partir de tan mínimos preceptos, el de Hiroshima, da forma a una filmografía en la que su mirada, tierna y distanciada a un tiempo, nos habla de la dificultad de encontrar una verdadera comunicación y de cómo el cine puede acercarse a ello.
En su primer filme, 2/Dúo (1997), Suwa muestra el proceso de progresivo distanciamiento de una pareja de jóvenes enfrentados con la propia madurez, a partir del concepto-detonador: ‘matrimonio’. Ya a partir de este momento, opta por dar libertad de movimientos a sus intérpretes que devienen finalmente en co-guionistas de sus propuestas; intercalando incluso, breves escenas en las que los actores/personajes son interrogados sobre sus sentimientos desde el espacio en off.Los abruptos cortes a negro, la materialidad del celuloide expuesta a través de la incorporación de veladuras, o ‘colas’, aparecen como materiales constitutivos de sus ficciones, evidenciando mediante bruscos golpes que aquello que vemos no es más que una construcción.
Adoptando para sí aquel aforismo bressoniano que recordaba la necesidad de «Forjarse leyes de hierro, aunque no sea más que para obedecerlas o deobedecerlas ‘con dificultad’» Suwa, utiliza el plano secuencia, casi siempre desde la mayor amplitud que el espacio le permite para registrar los movimientos de sus personajes con libertad, sin embargo, en cada uno de sus filmes, esta ‘ley de hierro’ se quiebra en algún instante decisivo: la secuencia que precede a la fuga de Yu en 2/Dúo, visualizada mediante plano/contraplano o el momento del reencuentro, en el que Suwa pone de manifiesto la enorme distancia que separa ya a los jóvenes mediante la utilización de graves panorámicas. En M/Other la distancia entre sus personajes se hará progresivamente más corta, difuminando los límites de sus encuadres como los de sus cuerpos en sus discusiones; por último, el celebrado contraplano, en primerísimo primer plano de Bruno Todeschini, mientras soporta dolorosamente los reproches de su mujer, Valeria Bruni-Tedeschi, acorta, en el sufrimiento, la distancia que separa sus cuerpos.
M/Other (1999) asienta y depura un estilo que vuelve por los mismos derroteros temáticos que el anterior, salvo que, en esta ocasión, el detonante del conflicto es la aparición, ‘entre’ la pareja, de un niño, fruto de un matrimonio anterior. Suwa propone un dispositivo que los personajes/intérpretes deberán habitar y conformar con sus acciones y del que deviene privilegiado observador. El afianzamiento y seguridad en sus recursos resulta evidente, el trabajo de interpretación se depura y la luz se convierte ya, como aquellas escenas finales de 2/Dúo presagiaban, en uno de los principales aliados de su cine.
El reconocimiento en occidente llegará a partir de ésta, y sus siguientes filmes surgirán, de un modo u otro, por la relación que el cineasta japonés establece con el cine europeo. Un Couple Parfait (2005), de producción europea, es hasta el momento la gran obra del cineasta. De nuevo, una pareja en crisis y un modo de afrontar la filmación —grabación, mejor dicho, en HD y Dv, en esta ocasión— que partiendo de los preceptos de la política de autores, regresa a una visión colectiva en el proceso de creación. En esta ocasión, la pactada separación se convierte, pese a todo, en la crónica más amarga de los efectos del paso del tiempo sobre las relaciones de pareja. Los reproches nunca explicitados, los propios miedos y temores surgirán torrencialmente en el momento de enfrentarse a los hechos. Un couple parfait es la propuesta formalmente más rígida y, al mismo tiempo, equilibrada de Suwa.
El pack se completa con la edición de un libreto de cuarenta páginas que incluye certeros textos y propuestas visuales a cargo de Alfonso Crespo, José Manuel López y Gonzalo de Lucas, amén de una valiosa entrevista en la que el cineasta japonés desvela algunas de sus inquietudes a la hora de afrontar la realización de estos filmes.