Nightfall (1952)

Por Carlos A. Sambricio

Un noir negro sobre blanco (o viceversa)

Un día de caza en un paisaje nevado. Puro. Un momento cotidiano de felicidad que se ve salpicado por un manto de negrura. La noche cae sobre la luz tiñendo de sombras una excursión bucólica.

Nightfall es un noir de serie B interesante. Fue una de las escasas incursiones de Jacques Tourneur en el terreno del cine negro, un mundo al que, por su dimensión estética, quizás debería haber recurrido más —para disfrute del cinéfilo—. Por casi todos es conocido su ‘Retorno al pasado’ y de hecho Nightfall tiene varios puntos en común con la obra interpretada por Mitchum. De nuevo es el pasado el que persigue al personaje principal. Un tipo al que vemos huidizo desde el principio, nervioso, con las mosca tras la oreja por si es descubierto por algo o alguien que todavía no sabemos. Al igual que en su otro noir, Tourneur recurre al flashback para su estructura narrativa, jugando con él para dar información pero al mismo tiempo abrir nuevos interrogantes, y para hacer que los personajes vuelvan, en el presente, al lugar pesadillesco del pasado.

A nivel estético cabe destacar el contraste nieve-noche de la cinta. Si bien el noir se caracteriza por las luces y sombras, lo que Tourneur plantea aquí es un conflicto lumínico mucho más amplio. Son las propias secuencias, los propios tiempos históricos, los que articulan dicha dialéctica en el ‘lienzo’ que es la película.

Es difícil también no ver una masiva influencia de este título en los hermanos Coen. La misma escena de la maquina quitanieves se correlaciona con el cortaleñas de Fargo y la maleta sobre la nieve del final es un tipo de plano recurrente en el universo Coen. Obviamente, el primer y fundamental punto de comunión entre Fargo y Nightfall es ese blanco cegador que esconde los más crueles crímenes. El pasado es también un tema primordial en la famosa cabeza creativa bicéfala, algo que está presente en otro noir comparable a Nightfall como ‘Forajidos’ de Robert Siodmak, otra gran influencia en los Coen.

Argumentalmente, Nightfall, que se basa en una novela de David Goodis, también presenta toques coenianos en el sentido de ofrecer un dinero desaparecido, una pareja criminal algo caricaturizada y divertida, y por presentar personajes vulgares en una situación límite que les supera y les hace cometer tonterías.

En su defecto, cabe decir que es una película más rígida y brusca que otras de Tourneur, que la resolución es algo forzada y que no puede evitar presentar ciertos clichés algo molestos. Aún así, repito, una sugestiva propuesta donde se trata a un nivel global la llamada estética de la noche del cine negro.