La ciudad sumergida (The City Under the Sea / War-Gods of the..., 1965)

Por Ramón Alfonso

Roger Corman, después de realizar diversos films menores como  Machine-gun Kelly (1958), con Charles Bronson, en uno de sus primeros papeles protagonistas, Teenage cave man (1958) o el simpático A bucket of blood (1959), que supuso una de sus primeras colaboraciones con el entrañable actor Dick Miller, comenzó una serie de películas inspiradas en textos de Edgar Allan Poe que le proporcionaron cierto renombre y prestigio entre el aficionado. Sus películas, rodadas en poco tiempo se resolvían en base a un esquema similar al de la Hammer: rodajes rápidos (Corman, sigue siendo uno de los directores mas raudos de toda la historia del cine, sólo debemos recordar los apenas dos días en que realizó The little shop of horrors (1960), con una breve colaboración de un incipiente Jack Nicholson, por entonces un habitual de su trouppe), pocos escenarios (que por supuesto podían reutilizarse), guionistas de cierta consideración dentro del genero (como Richard Matheson),  y una compañía de actores fija encabezada por Vincent Price, y en cuyas filas podíamos encontrar a viejas glorias como Boris Karloff o Basil Rathbone; todo este conjunto finalmente se aderezaba con pequeñas dosis de erotismo y cierta auto-ironía, que las distanciaba de sus vecinas inglesas  (si bien también es cierto que conforme avanzó en su singladura la productora británica se convirtió, confiemos que involuntariamente, en su propia caricatura). Este esquema se respetaba tan escrupulosamente que incluso títulos como The haunted palace (1963) que surgía de un relato de HP Lovecraft fácilmente podían integrarse/confundirse en el ciclo Poe. Todavía quedaban por llegar los grandes logros de Corman tras la cámara, Mamá sangrienta (Bloody mama, 1970) y La matanza del día de San Valentín (The St. Valentine´s day massacre, 1967), que contaba con una espléndida composición de Jason Robards; la historia del cine, de todas formas, en mi opinión, siempre recordará al cineasta norteamericano como descubridor y padrino de realizadores tan indispensables para entender el cine USA de los 70 como Peter Bogdanovich y Francis Ford Coppola.

Las diferentes películas que integran el ciclo Poe, fueron producidas por Samuel Z. Arkoff , a través de su compañía la American International pictures, fundada junto a James H. Nicholson en 1955. Hábil productor y brillante comerciante, Arkoff, con la indispensable ayuda de Corman, reinventó el concepto de Serie B, conquistando a una audiencia mayoritariamente adolescente, explotando diferentes formulas, desde la literatura de Poe, y sus diversos sucedáneos, hasta la mas bien aburrida mítica de  Los ángeles del infierno. Así, mientras Roger Corman, filmaba sus films Poe, Arkoff producía películas que aprovechaban este filón, a partir de esquemas prácticamente idénticos. Sin lugar a dudas, la mas conseguida  de todos estos sucedáneos es La comedia de los terrores (The comedy of terrors, 1964), brillante parodia del genero que aprovechaba todos los elementos de la Corman Factory, incluyendo a la Trouppe de actores, con una coherencia y un sano desprejuicio que convierten esta parodia en una obra mucho mas sugestiva que prácticamente cualquiera de los trabajos filmados por el autor de Historia de terror (Tales of terror, 1962), no en vano, el cineasta que estaba detrás de las cámaras era el veterano Jacques Tourneur, quien además de firmar uno de sus últimos trabajos realizaba una de sus películas mas memorables e inesperadas.

Arkoff, después de los notables resultados obtenidos con su película cómica de miedo vuelve a contar con Tourneur para un nuevo trabajo, que supondrá su última película (el realizador apenas volvería a rodar, tan sólo algún encargo para televisión). El proyecto parte una vez mas de un texto de Poe, en concreto de La ciudad en el mar , y esta vez el enfoque será teóricamente serio, si bien con pequeñas pinceladas de humor. El resultado, por desgracia, dista, y demasiado, de La comedia de los terrores. Si para Jacques Tourneur, su penúltimo trabajo había supuesto uno de los mas conseguidos, el último es sin lugar a dudas uno de los mas mediocres de su abultada filmografía. Mal planteado, mal construido, mediocremente interpretado, prácticamente todos los elementos que componen La ciudad sumergida nos conducen irremediablemente a unos resultados, siendo generosos, anodinos.

Uno de los principales problemas del film se encuentra en el guión, después de un prometedor arranque (a principios del siglo XX, una mujer que ahora vive en una vieja mansión al borde del mar es secuestrada por un extraño hombre-pez, un joven ingeniero y un pintor parten a su rescate, descubriendo una legendaria ciudad bajo las aguas), el film se estanca y no acaba de decidirse por ningún camino, hasta el punto de que prácticamente durante medio metraje se encuentra dubitativo en una irritante vía muerta con los personajes avanzando y retrocediendo por líneas argumentales absurdas y realizando acciones sin prácticamente ninguna lógica, hasta desembocar en un precipitado desenlace anunciado y sin ninguna emoción, después de desdeñar cualquier oportunidad de profundizar en la mítica de la ciudad, mucho mas sugestivo que cualquiera de los caminos por los que el film, cuando decide hacerlo, transita. Sin embargo, un problema mas grave que la anodina construcción del guión supone, al menos para mi,  el tono de éste, una  irritante mezcolanza de comedia familiar y fantástico descafeinado, con unas bromas ridículas a cargo del lamentable David Tomlinson (tristemente inolvidable en sus intervenciones para la Disney) y un pollo (!!) que responde al nombre de Herbert  que hunden conforme avanza la acción al film en un pozo casi mas profundo, y perdón por el chiste facilón, que la ciudad de marras. Tampoco ayudan demasiado el resto de actores a dar cierta credibilidad a sus personajes y algo de enjundia al relato, empezando por el inevitable Vincent Price quien, lógicamente hastiado, parece declamar entre aburrido y desesperado por encontrar una oportunidad fuera del bucle en que se encuentra atrapado, y terminando por Tab Hunter, uno de los actores, con permiso de contemporáneos como Chris O´Donnel o Ashton Kutcher, mas sosos e inexpresivos de toda la historia del cine.

Tourneur, por su parte, entre tanto despropósito y sin sentidos, se nos presenta como un viejo artesano demasiado cansado y hastiado como para preocuparse por dar cierta coherencia visual al material que tiene entre manos; su puesta en escena, ciertamente de lo mas conseguido de la propuesta, si bien esto no signifique demasiado, resulta tan aburrida como impersonal; el cineasta parece conformarse con resolver la papeleta como mejor puede, muy lejos de sus mejores logros, empezando por la magistral Night of the demon (1957). Mención aparte merecen las rutinarias secuencias submarinas, tan alargadas como irritantes, protagonizadas por gente disfrazada de hombre-pez, muy en la línea de El monstruo de la laguna negra (Creature from the black lagoon. J.Arnold, 1954) y que al parecer fueron tomadas prestadas de Agente 04 del imperio sumergido (Kaitei gunkan, 1963) film japonés dirigido por Ishirô Honda y por supuesto distribuido en USA por la American International Pictures.

No deja de ser lamentable que la filmografía de Jacques Tourneur, después de una obra tan abultada como irregular, y representar a la perfección a cierto tipo de artesano del cinematógrafo, hoy por desgracia ya extinguido, concluyera con una película tan intrascendente y vulgar como La ciudad sumergida.