Tourneur y el noir

Por Natalia Vías

Tiempo, escenario y sombras de "Retorno al pasado" y "Nightfall"

Jacques Tourneur (1904-1977) fue un director perfectamente integrado en el sistema de los grandes estudios de Hollywood. Un director versátil, de enorme sensibilidad e inteligencia que cultivó casi todos los géneros. Combinó la comercialidad y acercamiento al público, aspectos importantes para el mercado de exhibición, con un sutil trabajo de autor, dejando su impronta en las películas que dirigió. No cabe duda de que su estrecha colaboración con el productor Val Lewton definió algunos de los caracteres e ideas sobre el cine que después le serían muy provechosos en sus posteriores producciones, sobre todo en las películas de temática más negra. Entre ellas quizás habría que destacar dos: Out of the past (Retorno al pasado, 1947) rodada en la década de madurez del género negro y Nightfall (Al caer la noche, 1957) que dirige al final de la época de esplendor del cine clásico norteamericano. Ese mismo año dirigirá también una de sus más conocidas películas La noche del demonio (Night of the demon) así como otros largometrajes que alternará durante las dos décadas siguientes, como otros muchos realizadores de su generación, con su trabajo para el medio televisivo.

Habría que preguntarse y sería digno de estudio saber cómo, a pesar de que Tourneur se encontraba inmerso en el rígido sistema establecido por las majors, se ha convertido con el paso del tiempo en un cineasta de culto entre los cinéfilos apasionados de la serie B o de un cine algo más marginal (es uno de los realizadores que mayor entusiasmo y amores despierta). Quizás su propia filmografía, las espléndidas películas de serie B que rodó con el productor Val Lewton o sus personales ideas sobre la profesión, la elegante e inspirada sencillez de su trabajo, lo hayan convertido en un director “independiente”, no al uso, en la arista de lo considerado clásico por antonomasia, algo más arriesgado y algo más al margen que otros de sus compañeros de profesión. Tourneur va un paso más allá en el terror, en las emociones, en la planificación, en lo que es posible de subvertir… Con algo de suerte en este exhaustivo estudio que Miradas le dedica podrá el lector llegar a alguna conclusión si, como me consta somos alguno de nosotros, es un apasionado de “la forma de hacer” de Tourneur.

Retorno al pasado y Nightfall son dos de las películas más destacables de la filmografía de Tourneur, dos ejemplos perfectos del más puro cine negro y del talento elegante y sensible del realizador.

El tiempo de la narración

Los flashbacks, la voz en off, la primera persona. Quizás sean estos tres recursos narrativos los que mejor caracterizan al género negro. En ambas películas están utilizados de forma magistral. Algunas transiciones de Nightfall son especialmente brillantes y el uso de la voz en off y la narración en primera persona, momentos clásicos de la narrativa negra, y gracias a los que se nos introduce en los flashbacks, dan carácter al género y cuerpo a la historia. Son narraciones con dos tiempos distintos: el presente de los personajes y el pasado en que el espectador encontrará las claves para desentrañar su complejidad e identificará como elemento esencial de la narrativa de este tipo de películas. Retorno al pasado juega incluso con el tiempo narrativo en su título, en ella ambos tiempos son casi paralelos, ambas historias románticas equiparan su importancia dentro de la historia general, tanto es así que se palpa en algunos momentos del relato cierta ambigüedad, bien pudiera ser por el hermetismo del personaje de Mitchum o quizás por la propia naturaleza del triángulo amoroso. Es una película compleja, intuitiva, soterrada, características que la hacen, desde el punto de vista de la dirección y de la planificación, admirable. Es quizás la película, gracias a la dirección de fotografía, artística y de la propia historia, que más tiene en común con las películas que Tourneur rodó algunos años antes para Lewton.

Los escenarios

En las películas de cine negro los ambientes son opresivos, cerrados y, principalmente, oscuros: callejones en los que encontrar un espacio abierto a la huída, un local en el que el camarero te sirva un whisky sin hacer demasiadas preguntas y en el que poder refugiarse de la soledad de la noche o la trastienda de cualquier cuchitril desangelado y mohoso en donde celebrar reuniones clandestinas. Retorno al pasado rompe la regla; el protagonista (Robert Mitchum)  trabaja de cara al público y al aire libre en una gasolinera con otro nombre y un nuevo presente, el antagonista (Kirk Douglas) vive en una magnífica casa cerca de un lago, los personajes vagabundean a través de las calles, de los bosques y de su propio pasado. Es una película que amplía los horizontes propios del género: el mar, el lago y las montañas… aunque los personajes se mantengan constreñidos en sus propias historias, en su propia rigidez de pasados secretos y nombres ficticios. La película está planificada en base a espacios concéntricos. En primer lugar la esencial consideración que tiene en esta película el paisaje, los exteriores luminosos en contraposición a los sombríos escenarios interiores o exteriores nocturnos tan propios del género, paisajes abiertos a los lagos y a las montañas, incluso las calles de las ciudades, el mar y  los lugares más lejanos y exóticos como Acapulco que le dan otra dimensión al relato; por otro lado, el decorado como cascarón que contiene a los personajes y lugar intermedio entre el paisaje y los personajes y, en tercer lugar, éstos últimos, que se encuentran cerrados en sí mismos, en su propia historia con independencia del lugar en el que se encuentren. Quizás lo que caracteriza a Retorno al pasado sería esa amplitud hacia el exterior y, por contraste, un mayor hermetismo en los personajes, sus relaciones son más sutiles aunque sexualmente más expuestas y emocionalmente más ambiguas que en otras películas del género. Tourneur de nuevo sugiere pero no muestra, consigue una mirada atenta y reflexiva del espectador hacia lo que está pasando o hacia lo que él cree que está pasando y es eso lo que convierte a Retorno al pasado, como en cierto modo ocurría también en Casablanca de Michael Curtiz (además de contar ambas con un magnífico final), en una obra maestra.

Es la narración la que mueve hacia adelante a los personajes, la que los une y destruye. Retorno al pasado es un noir tremendamente moderno (si esto no es, por la propia esencia del género y de la época en la que aparece, un contrasentido) en su planteamiento, su historia y su ejecución y es, a la vez, absolutamente clásico en su esencia.

Es un noir “en libertad” aunque conserve todas las características formales y narrativas del género, tanto es así que se ha convertido en una de las diez películas de cine negro mejor consideradas por aquellos que gustan tanto de hacer listas de títulos significativos para la historia del cine.

Nightfall es por el contrario un noir más básico, elemental y narrado con cierta aspereza. También Tourneur lo sitúa en la ciudad (Los Ángeles) y de nuevo en  espacios abiertos (Wyoming), en unos bellísimos paisajes nevados, acentuados por la fotografía de Burnett Guffey. Los momentos al aire libre hacen que la tensión propia del género se relaje. En los paisajes abiertos es donde los protagonistas buscan refugio y las respuestas para desentrañar las claves de la narración. El personaje de Aldo Ray en Nightfall espera en la soledad de su apartamento a que abran las carreteras nevadas para volver sobre sus pasos y resolver algo que dejó a medio terminar en el pasado. El personaje de Mitchum en Retorno al pasado también deberá volver a éste para redimirse. Esta es una de las características propias del género, el hombre marcado por su pasado y que a causa de éste es perseguido hasta el desenlace final. James Vanning (Aldo Way) y Jeff Bailey (Robert Mitchum) son, en este sentido, dos personajes arquetípicos aunque uno aparentemente más sombrío que el otro.

Tourneur plantea en Nightfall un noir más cotidiano, con una historia más sencilla y protagonizado por personajes más humanos quizás, menos enrevesados (también la narración es más plana), algo más atípicos (Aldo Ray es un publicista y Anne Bancroft una modelo) que se ven envueltos en una circunstancia excepcional que ayuda a unirles y que altera sus vidas.  Las cosas normales siempre son difíciles de explicar dirá en algún momento de la película el personaje de Bancroft.

Las sombras

Retorno al pasado es un noir sobrio y elegante y quizás más luminoso, con más oxígeno, que otras películas del mismo género, de atmósferas menos asfixiantes y los personajes tienen mayor libertad para moverse y viajar. A medida que avanza la trama y se complica, la película se vuelve, de manera sutil, más negra, más oscura, hay un mayor trabajo de la luz y, sobre todo, de las sombras. Es quizás la película que, en su género, tiene el más excepcional, elegante e inspirado trabajo de fotografía. La secuencia nocturna en la playa de Mitchum y Jane Greer recuerda por su extraña belleza a Yo anduve con un zombi (I walked with a zombie), rodada por Tourneur en 1943. La lluvia, la noche, el mar y el viento crean algunos momentos tan líricos como intensos.

En Nightfall la ciudad nocturna es brillante y llena de vida, aunque los personajes se encuentren completamente solos y aislados de todo lo que pasa a su alrededor. La fotografía es quizás más naturalista y destaca la belleza más moderna de Anne Bancroft y la inmensidad del paisaje nevado de la última parte del film, más luminoso aunque también desértico y violento.

Nightfall está fotografiada por Burnett Guffey, responsable de la fotografía de innumerables películas, entre ellas algunas tan importantes como: En un lugar solitario (In a lonely place, Nicholas Ray, 1950), Deseos humanos (Humane Desire, Fritz Lang, 1954), De aquí a la eternidad (From here to eternity, Fred Zinemmann, 1953), El hombre de Alcatraz (Bird of Alcatraz, John Frankenheimer, 1962), Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967).

Y de Retorno al pasado  se encargó Nicholas Musuraca, uno de los directores de fotografía de más extensa filmografía, quien había colaborado con Tourneur en La mujer pantera (Cat people, 1942) y cuyos trabajos para Robson en El barco fantasma (The ghost ship, 1943) o Bedlam (1946), para Siodmak en La escalera de caracol (The espiral staircase, 1945), son una muestra de su talento en el trabajo de fotografiar la oscuridad.

Tourneur está justamente considerado como un director excepcional. Su carrera contiene muchas y muy variadas películas aunque ya sólo por haber dirigido sus tres obras con el productor Val Lewton y este magnífico ejemplo de perfecto cine negro que es Retorno al pasado, quedaría con seguridad entre aquellos directores con el privilegio de haberse ganado el título de maestro. Su filmografía está repleta de momentos irrepetibles, poderosos y eternos, tanto como una noche suspendida bajo las estrellas, como la caricia compasiva del viento, el letargo de los hombres o esos lugares cercanos a las costas, apacibles, malignos y sobrenaturales, que Tourneur ha dejado impresos para siempre en sus películas gracias a su amor por el mar.