Lo mejor que se puede decir de Robert Aldrich lo dicen sus películas: un genio indomable, contestatario, rabiosamente moderno, innovador, insumiso y voraz que consiguió, a base de esfuerzo y dedicación, un puñado de obras maestras que pueden quedar sepultadas entre tanto desconocimiento y tanta pedantería. Aldrich no está de moda, pero su filmografía es eterna.
Aprovechando el estreno el pasado mes del último film del veterano Andrzej Wadja, Katyn (2007) aprovechamos en Contraplano para volver la vista atrás y repasar alguno de los nombres más importantes de la cinematografía polaca. ¿Qué queda del espíritu de los Nuevos Cines? ¿Siguen estando vigentes las propuestas que situaron a Polonia como uno de [...]